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Sobre “Todos nos equivocamos” de Carlos Sabino


“Todos nos equivocamos” es un libro construido con memorias.
Allí se asoman el niño
del barrio porteño de Flores, el adolescente que no puede ser indiferente a lo que pasa, el joven militante a veces incomprendido por su familia, el músico frustrado y en ocasiones débil de salud, el lector voraz, el preso político, el viajero, el encuestador, el profesor universitario, y hasta el escritor.
Pero el relato no sólo es una evocación; es también una recuperación del hombre en sus facetas y oficios etéreos, en sus pulsiones del hacer, en sus edades e incluso, en sus posibilidades de ejercer la memoria.
al mejor estilo de Lucio V. Mansilla en el inicio de sus Memorias, en donde advertía al lector “entro en materia estampando una banalidad”, Carlos Sabino rememora un hecho fortuito que le valió unos días en prisión.
A leerlo me vienen a la mente las notas de Paul Nizan en el comienzo de Aden Arabie: “yo tenia 20 años. No
permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida”.
Sabino consigna, con lucidez y osadía, singularidades y excepciones a lo largo de su vida, pinta personajes extraños de conductas extremas con quien le tocó interactuar, dibuja con una precisión extraordinaria las vivencias y los miedos de cualquier hombre ante las incitaciones de la vida, revela sus primeros sentimientos de amor, sus primeros intentos de escritura, reconstruye lugares, devela ceremonias sociales y políticas, descifra mitos, evoca épocas pasadas, pinta el aire del tiempo, recupera (a la manera proustiana) escenas olvidadas y cuenta anécdotas que nunca son superficiales ni gratuitas: Adorno diría “contemplaciones subjetivas”; historias en apariencias banales, pero sociológicamente significativas.
Siegfried Kracauer, refiriéndose a Georg Simmel, señaló: “el lugar que ocupa una época en el proceso histórico se puede determinar de un manera más convincente a partir del análisis de sus manifestaciones superficiales y en principio insignificantes.”
Como un retratista del pasado, Sabino en su libro, da una enorme importancia a los lugares: el barrio, la escuela, las calles, los bares, los caminos, el norte argentino, Chile, Perú, el Amazonas, Arica, Caracas, Guatemala. La memoria, extrañamente, registra el transcurso del tiempo y sólo por el espacio se recuperan los recuerdos. Esta intuición de Andre Gide en su magnífica autobiografía Si la Semilla no muere, fue desarrollada luego por Gastón Bachelard en La poética del espacio. El espacio es todo en la memoria.
Ensayista trapero, cartonero en el lenguaje vernáculo, llamaba Benjamín a Kracauer, porque era un oficio que él había concebido de manera parecida a remover las trivialidades, los desechos de la historia, para extraer la superficie incrustada de la realidad. Este escrito de Sabino puede inscribirse, en parte, en esa recoleta tradición Juan José Sebreli afirma que la autobiografía participa, al fin, de las limitaciones y de las ventajas de toda literatura realista; la realidad no deja de ser, en cierto modo, una ilusión cuando es transcripta en una materia distinta de la vida: el lenguaje. La representación de la vida tiene inevitablemente una parte de construcción mental. No es extraño entonces, que muchos escritores contemporáneos, como el chileno Alejandro Jodorowsky escribieran novelas a partir de su biografía; el título “Donde mejor canta el
pájaro” remite a una frase de Cocteau: “donde mejor canta el pájaro es en su árbol genealógico”.
Sabino, ante el caos de sensaciones indefinidas que trasmite el recuerdo, busca lo esencial; detrás de la confusión de apariencias, tiene una enorme capacidad de seleccionar, jerarquizar, de abstraerse y simplificar. A través de sendas páginas, esquematiza, estiliza, tipifica, elige una perspectiva, desecha otras, trata- y lo logra- de reducir la realidad informe a una unidad coherente, a una síntesis, a una historia de vida.
Temporalmente hablando, es muy grato estar cerca de los hechos, pero nadie puede decir que ello ayude a comprenderlos, y algo parecido sucede con las personas que cuando empiezan alejarse se nos aparecen, a veces por primera vez, como claras y distintas. Para Alberto Tasso no es apresurado afirmar “que al esfumarse el rostro se distingue la fisonomía”, por ello quien anda a la búsqueda de una fisonomía espiritual,
no hará nada mejor que alejarse de su objeto, ocupándose de otras cosas, hasta que el tiempo por el solo hecho de pasar, le suministre las claves que buscaba.
De este modo Sabino nos narra lo que la experiencia y la distancia le permiten comprender. Su vida ilumina el texto, y con ello estampa un enorme contenido aleccionador: Nos ayuda a pensar. Distinto a veces, pero a pensar.
Este hombre, que ha pasado la mitad de su vida defendiendo al socialismo y la otra mitad demostrando estar equivocado, nos enseña, con ello, que en la formación ideológica no existe una asociación de A más B más C y por carácter transitivo D. Los pensamientos políticos siempre son complejos, abigarrados y de estructuras laberínticas.
Él mismo, al decir de George May, no puede escapar del presente en el que escribe a fin de recuperar el pasado que narra. En la Latinoamérica actual donde han reflotado con vigor movimientos que desdeñan las libertades civiles, Sabino, a quien nunca le gustó administrar los conflictos sino formar parte de los mismos, nos invita a tomar una postura más comprometida y activa.
Carlos Sabino, que es el primero en leer su libro, y yo, que soy uno de los últimos en leerlo, les recomendamos no abstenerse de ninguna página. En cada una de ellas está condensada una lección de vida. Klaus Mann, posee una frase que de algún modo sintetiza el sentir de esta obra: “Es inútil desear haber nacido en una época más agradable y haber tenido destino más cómodo, porque no se tiene elección. Se trata de superar ambas cosas: la época peligrosa que todos tenemos que superar y el peligroso destino, que sólo yo tengo que superar”.

José Guillermo Godoy
Presidente de AVAL Red Liberal de Jóvenes de América Latina.
Director Ejecutivo Junior Achievement Tucumán.
Miembro de Libertad y Progreso.
www.joseguillermogodoy.com

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