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Comparto contigo un sueño - HUGO CÉSAR RENÉS

Comparto contigo un sueño
 Que lamentablemente se convirtió en realidad.
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Anoche tuve un sueño. Soñé que la cadena de gestos ante la aparente existencia de una supuesta perspectiva de bienestar, estaba fomentando un espíritu de indulgencia del pueblo hacia sus funcionarios que, ejecutando un sistema ideado por ellos mismos, el “dinamismo estático”, se movían quedándose siempre en el mismo lugar, manteniendo los conflictos en suspenso para intentar solucionarlos en un nuevo mandato con el apoyo popular que su estrategia política concitaría. (Se llega al “dinamismo estático” aumentando tanto el número de las reparticiones públicas, como la burocracia que los incapaces e inútiles que las ocupan inventan).
La estrategia para la acción en ese escenario electoral, estaba basada en una evaluación de las oportunidades concretas para conservar el poder. Para ello, afirmaba la dirigencia que fue arrastrada por los huracanados vientos del sur a la gran urbe, las luchas políticas internas deberán dirigirse más a las distintas alternativas de organización, que a las promesas y sus límites, ajustándose aquellas a las necesidades de la hora y a la espera del momento preciso (¿próximas elecciones, me pregunté entre sueños?) en que el pueblo, con determinismo y voluntad, se coloque a la vanguardia de nuestro ideario revolucionario. La cristalización de nuestra nueva organización política se logrará en ese preciso momento.
Para esos ideólogos patagónicos, la “nueva organización política”, consistía en una nueva élite, ahora impulsada por las necesidades económicas y por la comprensión de los imperativos de la historia, pudiendo no haber inicialmente, decían, una dictadura del proletariado heroico, pero sí una dictadura para éste, porque para los forjadores de este nuevo movimiento (¿tercer movimiento histórico?), que confían en la economía como fuerza gobernante (y para llenarse los bolsillos), la emancipación de las masas en su condición actual de ignorancia y entumecida por el atropello de cada día, tendría como único resultado el desastre, haciéndose necesario por ello, inicialmente, un nuevo orden dentro del cual el pueblo no necesite discernir la justicia de las leyes, sino solo la pena por su desobediencia.
Vinculados con el mundo, decía el “Lupo”, los dirigentes de este nuevo movimiento tendrán que practicar el arte del estadísta. Autodisciplinados, deberán conservar una actitud flexible, no doctrinaria, frente a las distintas realidades regionales, así como una buena voluntad para dar lo mejor de sí mismos bajo condiciones determinadas.
En todos los casos, afirmaba el líder patagónico escapándosele de sus labios unas gotas de cáustica saliva, la teoría marxista podrá proporcionar un esquema intelectual coherente para analizar la realidad, pero ningún itinerario. Nuestros nuevos dirigentes (rejuntado de distinguidos oportunistas provenientes, mayoritariamente, de decadentes y/o virtualmente desaparecidos partidos, ayer mayoritarios) deberán evitar intoxicarse con el irracionalismo abstracto, sea de derecha o de izquierda, pero muy especialmente si es de derecha. Ajustados a la realidad social, tendrán que estar capacitados para fortalecer a las nuevas mayorías y estar listos, a su vez, para conducirlas.
Deberán tener muy en cuenta, dijo Cristina, la mujer del santacruceño interrumpiéndolo, que en las actuales circunstancias las masas pueden ser erráticas, pero no por ello se las debe abandonar cuando se inquieten o generen batifondo. Por el contrario, todo aquél que se precie de estadísta, deberá permanecer en contacto con ellas, para mantener el equilibrio entre la fuerza de sus impulsos y lo que sabe él que corresponde hacer. Su habilidad, afirmaba con donaire, consistirá en mantener la cohesión social de modo de elevar al máximo su rendimiento. Así, si bien podrá ser necesario someterse a la opinión pública y “mantener flojas las riendas”, sentenciaba apuntando con su dedo índice a sus adláteres, el dirigente prudente tolerará cuanta libertad deba tolerar, pero no más de la necesaria..., porque al pueblo no hay que tenerle miedo, debe dejársele creer que lo puede todo; hay que adularlo hasta el mareo pidiéndole su apoyo, después lo llevaremos de las orejas y la nariz por donde convenga...
La intervención de la primera ciudadana fue particularmente tenida en cuenta por un grupo de periodistas especializados en destruir mayorías para organizar otras que suelen frecuentar las antesalas del Poder.
...Para que un proyecto político como éste pueda tener éxito, continuó diciendo en mis sueños el máximo ideólogo de la idea, es necesario que el poder y el trabajo estén coordinados de acuerdo con una cadena jerárquica de mandos. La especialización funcional resultará inevitable en la creación de la nueva economía. Para controlar las complejas y vastas actividades del estado, se impone la existencia de un grupo de profesionales endurecidos, rigurosamente disciplinados, seguros y probados afirmaba, mirando a los Fernández y a un senador de escasa estatura que fumando en pipa, asentía con un leve movimiento de cabeza.
Para lanzarnos a la revolución, sostenía ahora con voz aflautada mirando de soslayo a un grupo integrado, entre otros, por Emilio Pérsico, Carlos Kunkel, Eduardo Luis Duhalde, Miguel Bonasso, Hebe de Bonafini, Estela Carlotto, Jorge Obeid, Luis D´Elía, Rafael Bielsa, Jorge Taiana y Nilda Garre, tenemos que ser especialistas en revoluciones y nada más. Ésta afirmación arrancó en los oyentes un espontáneo aplauso, vivando algunos a la patria socialista.
La organización y la razón, continuó, harán posible que podamos vencer las distintas limitaciones individuales, permitiéndonos consiguientemente, conservar el poder.
Para ello, este nuevo agrupamiento de fuerzas, deberá ser esencialmente un aparato de poder estructurado para facilitar el control. Su única función consistirá en asegurar que los medios más apropiados, sean usados para lograr los fines predeterminados por nuestra dialéctica.
Un tal vervysky o algo parecido, le sugiere al “jefe” en voz baja no olvidar el valor de la prensa como organización subsidiaria para la penetración indirecta, la polarización del odio y la difusión de los principios de la cultura universalista, de los derechos humanos y de las libertades fundamentales del hombre... Nosotros, continuó el líder, tenemos hoy en nuestro poder, aparte de la prensa, que bien apuntó el compañero, dos medios muy eficaces para atraer la voluntad popular: la astucia y el veneno.
Está sonando la hora de nuestra acción en las calles. La oposición sigue muy dividida, y así en esta forma, no van a tener ni para empezar. Hay que salir a la calle a pegar de un lado y del otro, inyectando ponzoña, porque el electorado en estos tiempos está por la difamación y el ataque. Debemos atropellar todo lo que sean ideales creados, ofreciendo en cambio paraísos terrenales que ni con alcaloides habrían de soñarlos.
La chusma es siempre igual, afirmaba arreglándose el saco. Las mismas fragilidades, los mismos defectos; la falta de resistencia a la adulación inteligente y sagaz.
Los trabajadores, con la buena fe del que no sabe, confían en una dirigencia sindical muy modosa con nosotros por la seducción de los “beneficios” materiales que les estamos ofreciendo. El parlamento es y será complaciente y servil, funcional a nuestro designios. Mientras la ofensiva de nuestra ahora subordinada justicia avanza contra los militares y contra todos los hombres y mujeres que habiendo formando parte de las distintas instituciones de la Nación, dieron lugar al constitucionalismo liberal y a la sangrienta represión contrainsurgente, nosotros, transformados todos en componentes integradores del “aparato social”, iremos sistemáticamente calcificándolos...
En esa apasionante premonición no estuvo ausente en mis sueños su crítica a una institución que es fortaleza de la moral y la mejor policía de las costumbres como es la Iglesia; tampoco lo estuvo el empresariado burgués al que describió, muy exaltado, como un reducido número de personas, grandes banqueros, terratenientes y empresarios, que tienen bajo su dominio a un sector de la prensa y en la esclavitud a muchos millones de obreros, a quienes obligan a trabajar para que ellos puedan deslizar sus días en la ociosidad, acumulando rentas enormes...
La única solución a tanto atropello, afirmaba suavizando su voz, la encontraremos en el orden cooperativo, en donde todas las riquezas pertenecen a la sociedad entera y no a personas ni a clases particulares; allí no hay pobres ni ricos, no hay clases dominantes, los mojones de las fronteras son derribados y con ellos las patrias particulares...
Nosotros le haremos creer a la gente que empobreceremos al rico enriqueciendo al pobre, que el obrero trabajará menos y ganará más. Así se aumentará la producción, la vida será más barata, todos podrán ser propietarios, en fin, les haremos más promesas que a un altar para convencerlos de que ni en el propio Paraíso van a estar mejor que con el gobierno de nuestro partido.
Salvo los enemigos del pueblo, nadie podrá afirmar con fundamento que tenemos intenciones o designios inconfesables. Nuestra victoria en las próximas elecciones, certificará nuestra teoría y el éxito proporcionará las credenciales a todos nuestros militantes y activistas revolucionarios...
Compañeros, quiero terminar estas palabras recordando a todos ustedes que el dilema actual es bien claro: o luchamos y vencemos consolidando las conquistas alcanzadas, o la oligarquía las va a destrozar esgrimiendo diversos pretextos como razones de inseguridad, de libertad, de justicia, de religión o de cualquier otra cosa para alcanzar sus objetivos...
Desperté, y al advertir que todo fue nada más que un sueño, le agradecí a Dios que así haya sido, pero me quedó una duda: La sociedad argentina, ¿sería capaz de tolerar el manoseo de sus instituciones y el retorno del más tradicional estatismo con tal de recibir a cambio un supuesto beneficio?.
Hoy sé que si !!!!!
En azul y blanco 
HUGO CÉSAR RENÉS

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