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SE HAN ROBADO LA VERDAD - Por Eduardo Juan Salleras

¿Será?
LADRONES, LADRONES, SE HAN ROBADO LA VERDAD
Por Eduardo Juan Salleras
5 de diciembre de 2011.-

Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente.

 Me acercaba caminando hacia la esquina y escuché gritos en el aire: “LADRONES, LADRONES, SE HAN ROBADO TODO”. Cada vez más fuerte. De repente, cuando llego al final de la cuadra, me lleva por delante un hombre bien vestido pero mal puesto, despeinado, con la mirada rara, el que me pidió perdón inmediatamente de manera muy caballerosa: 
- Discúlpeme señor, no lo vi. 
Giró sobre si y lanzó otro grito: “LADRONES, LADRONES, SE HAN ROBADO TODO”.
Lo interrumpí: 
- Perdón, ¿lo han asaltado, necesita ayuda?
Me miró fijo a los ojos y en vos baja, como contándome un secreto, me dijo: 
- Se están robando todo. 
- ¿Quién? 
- Ellos, los que tienen el poder.
Y salió corriendo, a los saltos, pisaba con un pie en la pared y a modo de estribo se empujaba hacia arriba elevándose, con las manos en alto y la otra pierna abierta: 
- LADRONES, LADRONES, SE ESTÁN ROBANDO TODO.
¡Qué loco! … los que tienen el poder… me quedé pensando.
Son tiempos de robar, de eso no me quedan dudas, son los días del ladrón.
El que más roba manda, compra, gana… porque sólo se ve el éxito, obviando el camino hacia él. Todos pretenden alcanzarlo, de un salto si es posible.
La alforja del poder llena; la del honor vacía.
Seguí caminado y a las dos cuadras, llegando a una plaza, me lo cruzo otra vez al loco; ahora venía caminado tranquilo, callado, con la cabeza mirando el piso; fue así que una vez más me chocó. 
- ¡Epa! ¿Qué le pasa? - Le pregunté.
Me miró con tristeza, diría con desesperanza, y volvió a pedirme perdón.
- ¿Se siente bien?
Y me contestó que no, que no estaba bien, que le habían robado todo.
 – Venga (lo vi tan mal), vamos a sentarnos en la plaza y me cuenta qué es lo que le pasa. 
Y me siguió sin responder.
Era un día fantástico, soleado y fresco. Había salido a caminar, qué más da perder un poco de tiempo en escuchar a este señor, que repito, estaba bien vestido, aunque desalineado. Tal vez un poco abandonado en su persona, pero ni siquiera olía mal. No se veía sucio.

- Bueno – luego de sentarnos – cuénteme algo más sobre su acusación, se están robando todo grita UD, ¿puede ser un poco más explícito?
- UD ¿es o se hace? - me respondió operándome sin anestesia – no se da cuenta de lo que se robaron y van a seguir robando.
Yo quería seguir en su terreno, no debía decir por él, tenía que hacerlo hablar, sino de lo contrario, estaría entrevistándome a mí mismo, error que comenten muchos periodistas.
- Todos sabemos lo que se roban, pero… 
Y le devolví la pelota para ver qué me decía.
- Ese es el problema que me vuelve loco: todos sabemos lo que se roban… ¿Y?
Otra vez de de mi lado la respuesta, solamente a mí se me ocurre entrevistar, o charlar, con una persona con un gran chifle en su cabeza…
- A ver… cuénteme tranquilo sobre lo que sabe, serénese, y dígame punto por punto, porque tal vez yo no esté debidamente informado o quizás, UD….
- Mire – bajo la voz y comenzó a hablar pausado, moviendo su cabeza hacia ambos lados tal alguien nos estuviera vigilando – estoy calmo y como parece que UD es de esos… (no lo dije nada y lo dejé que siga)… ¿Hay justicia? No, no es cierto que no, porque se la robaron. ¿Hay seguridad? – moví mi cabeza diciendo “no” – porque también se la robaron… Las riquezas que produce el país se las roban día a día – yo asentía con mi cabeza resignado porque en el fondo todo lo que decía era así – Se robaron las instituciones, la democracia, la república, el orden público… Ya el tono de su voz empezaba a subir… - dicen una cosa y hacen otra…
- Bueno, espere – lo corté – eso no es robar, eso es engañar a la gente.
- El engaño, señor, no es otra cosa que un asalto a la verdad.
Y saltó del banco como si tuviera debajo un resorte, corriendo y gritando a viva voz: LADRONES, LADRONES, NOS HAN ROBADO LA VERDAD.
Desde ya que no fui corriendo detrás de él, lo dejé ir. Me quedé sentado, un poco avergonzado porque la gente me miraba.
Encogiéndome de hombros me levanté y me puse a caminar lentamente pero sin saber hacia dónde, pensando en este personaje que acaba de conocer y en lo que decía. Repasando cada frase en mi cabeza, y en su indignación, la que le producía tanta locura.
Pero era todo cierto… esa maldita frase que dice: “la única verdad es la realidad”, tal vez sea la más grande de las mentiras, la que esconde o pretende justificar tanta hipocresía, tantas falacias, sumergiéndonos a todos en la incertidumbre y en la confusión… La realidad puede ser una importante mentira. Y así es.
Dirán: es lo que hay. ¿Será?

EJS

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