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El día que Evita visitó a los Urtubey en Santiago del Estero


En el centro Eva Duarte Ibarguren de Perón, al costado derecho (de pie) Ciriaco Urtubey y Micaela Urtubey. Foto tomada en Santiago del Estero, Argentina, en el año 1944.
Copyright © Marcelo Urtubey
Fuente: http://www.euskosare.org/

Un registro biográfico oficial de Evita


Eva Perón es una figura descollante del peronismo. Sus días fueron una cadena de hechos sorprendentes, casi maravillosos. De origen humilde y provinciano, llega a la capital en plena adolescencia y triunfa: llega a ser una actriz de cierto nombre y a encabezar un programa radial muy escuchado. Después, conoce a Perón y a él liga su destino. Se convierte en el alma del movimiento peronista, en su esencia y en su voz. Y una muerte inesperada dibuja el último prodigio de su vida legendaria.

Datos básicos

Nombre de nacimiento: María Eva Ibarguren
Fecha de nacimiento: 7 de mayo de 1919
Lugar de nacimiento: Los Toldos, Argentina
Fecha de muerte: 26 de julio de 1952

Denominaciones:
-María Eva Duarte de Perón
-María Eva Duarte
-Eva Perón
-Evita Perón
-Evita

Fuente:
Ministerio de Educación de la Nación

Subsecretaría de Coordinación Administrativa
Producción: Dirección de Gestión Informática

El Bolsón: Presentan un libro sobre Evita


Este 27 de mayo en el Salón de Casa de la Cultura se presentará el libro Evita " La Mujer " ¿Del amor al odio o del odio al amor?

 En el año del Bicentenario, la imagen de ¨ la mujer¨ es resaltada. Evita fue una de las que luchó por la dignidad de su pueblo al que tanto amó. A 57 años de su partida vale recordar su trabajo y entrega que es la razón de su vida.

Sobre el autor:
Ariel Bibbo, nació el 9 de enero de 1976 en BALCARCE (BUENOS AIRES). Es Periodista y profesor de Historia. Actualmente Docente del Instituto Sta. Rosa de Lima (Balcarce). Desempeña su labor en diversos medios informativos: FM PUNTONUEVE, CANAL 2 (BALCARCE) Y LU9 (MAR DEL PLATA). Su pasión por la escritura comenzó una vez finalizado su profesorado. Investiga la historia de los personajes célebres de nuestra historia.

 

La iconografía peronista de la mano de Daniel Santoro

UNA NUEVA MUESTRA DE DANIEL SANTORO
RECREA LA ICONOGRAFÍA PERONISTA

Exuberante, creativo, mágico. Así es el universo de Daniel Santoro. Con medio centenar de pinturas, dibujos y objetos de la última década, la muestra antológica Daniel Santoro: realidad, sueño y elegía invita a redescubrirlo. En hiperbarroca cosmogonía, mix de iconografía cristiana y oriental, historia y ficción, Santoro resignifica el mito peronista. En sus obras, el repertorio simbólico de libros de lectura, manuales y revistas partidarias deviene clave nostálgica, creando nuevas narraciones bien teatrales –teatralización que también marcó la liturgia peronista. No faltan la mirada cargada de ironía y las citas con guiños a Berni, Della Valle, Max Ernst, Magritte, Arnold Böcklin, Friedrich y la arquitectura metafísica de Aizenberg.


El de Santoro, su mundo íntimo, es también asombroso. Qué es, si no, el desfile inagotable de colecciones que habitan su casa-taller de Congreso. Cascarudos y arañas que dan vértigo. Los estantes son imanes donde uno descubre desde pulpos hasta exóticas serpientes. Junto a las aves embalsamadas, se alza un gran mono aullador. Santoro jura que él no lo cazó. Y desata una de sus generosas carcajadas, muy suyas. Es agudo, ocurrente. Es un hombre cálido.

Después de hojear Justa, libre y soberana, Biblia gráfica del primer peronismo (integra su archivo de época), y ver uno de sus primeros manuales (Santoro es un dibujante virtuoso), nos sumergimos en su ciudad peronista. El artista propone verla al atardecer. Prende la luz correspondiente. Y voilà: una impensada construcción, con combo de ferrocarril incluido. Difícil estimar el tiempo que llevó ese trabajo monumental, de detalle obsesivo. Me muestra al fiancé de Barbie, ahora un Ken descamisado que custodia la retro utópica polis. Se escucha la poderosa carcajada.

Si Osvaldo Lamborghini en El niño proletario tensa el lenguaje al límite de lo decible y de lo imaginable, Santoro en sus obras opera en el límite inestable entre nostalgia y tragedia. Los chicos devienen personajes centrales: en Santoro, niña-madre con destino fatal o lucha de clases como disputa de colegiales, cuchillo en mano; en Lamborghini, deja sin aliento. Imposible olvidar el éxtasis que provoca en los escolares la violación y agonía de Estropeado, para mí siempre un niño peronista.

La muestra incluye "Malón y concepto espacial", punto de arranque del relato santoriano. Un trompe-l'oeil del tajo de Fontana cruza la escena, ahora, ante el malón grasita detenido. Protoperonistas, para el artista. La cruz como estandarte del saqueo de "El Malón" de Della Valle evoca, dirá el artista, los robos e incendios en iglesias en 1955. No es todo: dirá también que el cuadro roquista es la primera gran denuncia de inseguridad del conurbano: "La que pide seguridad es la cultura: está diciendo somos europeos, no podemos vivir como salvajes". El peronismo, señala, siempre encarna esa negritud, esa mugre latinoamericana, como dice Kush.

Seguimos con su singular aluvión zoológico: su Eva - esfinge y "Victoria Cautiva" (Ocampo, claro) raptada por el centauro justicialista. Está también su deslumbrante "Civilización y barbarie", dicotomía que para el artista habita al interior del peronismo. "Lo interesante del relato peronista –dice– es que, como la tragedia griega, no es moral. Tolera luces y sombras: desde la santidad de Eva hasta López Rega, Osinde y toda la oscuridad de la represión". Dirá también que "el peronismo trasciende lo político: tiene que ver con nuestra estructura identitaria". Ligadas a la doctrina justicialista, inspirada en la propaganda política, o habitadas por la mirada crítica, sus obras recorren apogeo y crisis del peronismo. Los símbolos se suceden: guardapolvo blanco almidonado ("exoesqueleto protector"), edificio de la CGT, Fundación Eva Perón, heladera Siam, "La razón de mi vida", Estado protector. Luto obligatorio. Difunta sagrada. Bombardeo en Plaza de Mayo. Eva es desde santa omnipresente –milagrera, protectora– hasta dominatrix, botas y látigo en mano, que somete a un Che Guevara entregado. En el inquietante "La Piedad", Eva engulle las vísceras del Che transformadas en rosario. Como en la espantosa escena del cuento de Lamborghini, hay un ritual de hermanación. Santoro aleja la idea de antropofagia política: "El peronismo y la izquierda en un ritual de comunión", dice. ¿Nacimiento de Evita montonera?


Su descamisado gigante es la encarnación humanoide de aquel monumento de más de cien metros de altura que el gobierno peronista proyectaba plantar en Barrio Parque. Casi un oprobio. A partir de 1955, el descamisado deviene gigantón que recorre la city y el campo masticando tragedia en soledad. Un King Kong del conurbano bonaerense sin un pelo de gorila que cuida edificios símbolo del peronismo, espía a Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore y arrasa con sembradíos de soja transgénica. En pleno bombardeo de Plaza de Mayo, se aferra desesperado al Cavanagh como el King Kong del filme al Empire State.

La oscuridad del golpe irrumpe con "Invierno en la República de los niños", "La tempestad en Chapadmalal" e "Invierno de 1955". Obras inolvidables. Además, se exhiben sus libros de artista con ideogramas chinos, que, como sus manuales del niño edípico y los del niño peronista, son joyas.

Sin duda, una de las series más teatrales es la de la madre-niña de Juanito Laguna. Deslumbrante fábula con mensajes doctrinarios al estilo de los libros de lectura escolar. Cándida y dolorosa, la saga escapa a la secuencia cronológica: muerte y vida se alternan en un sino inevitable. No hay hada buena que pueda salvarla. Después de ver las pinturas, recuerdo las críticas que Santoro disparó contra Berni.

Le pregunto por qué cree que debió meterse con el peronismo. "Por sus inquietudes, tendría que haber chocado mil veces con el peronismo. Cuando buscaba materiales para sus montajes en el conurbano bonaerense, no había una sola chapa que no tuviera la PV de la resistencia peronista. Sin embargo, ningún cuadro suyo la tiene: le habría contaminado la obra e, incluso, habría tenido problemas con el PC. El quiso recortar por ahí, pero podría no haberlo hecho y su obra se habría enriquecido. De todas maneras, creo que es el pintor más importante de la Argentina".

No falta la réplica del Pulqui, el avión caza promocionado por el gobierno peronista como uno de los grandes logros tecnológicos. Y se proyecta Pulqui, un instante en la patria de la felicidad, documental de Mouján que pone el foco en el avión del artista.

La de Santoro es una obra con sello inconfundible. Con sus cautivantes guiños a la historia del arte, bucea en el imaginario del peronismo creando un universo cándido, nostálgico y, al tiempo, irónico y de humor ácido –en ocasiones hasta es posible intuir su poderosa carcajada. Allí donde la política deviene ficcional, hay celebración, sí, pero también tragedia. En esa frontera ambigua, el relato santoriano sigue interpelando.

Por: Marina Oybin
Fuente: Revista Ñ
Más información: http://www.clarin.com/

Murió Tomás Eloy Martínez

Nació en San Miguel de Tucumán, Argentina, el 16 de julio de 1934. Se graduó como licenciado en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad Nacional de Tucumán y obtuvo en 1970 una Maestría en Literatura en la Universidad de París VII.


En Buenos Aires fue crítico de cine del diario La Nación (1957-1961) y jefe de redacción del semanario Primera Plana (1962-1969). Entre 1969 y 1970 fue corresponsal de la editorial Abril en Europa, con sede en París, y luego director del semanario Panorama (1970-1972). Dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión (1972-1975).

Entre 1975 y 1983 vivió exiliado en Caracas, Venezuela, donde fue editor del Papel Literario del diario El Nacional (1975-1977) y asesor de la Dirección de ese mismo diario (1977-1978). Allí fundó El Diario de Caracas, del que fue director de redacción (1979).

En 1991 participó en la creación del diario Siglo 21 de Guadalajara, México, que salió durante siete años, hasta diciembre de 1998.

En junio de 1991 creó el suplemento literario Primer Plano del diario Página/12 de Buenos Aires, que dirigió hasta agosto de 1995. Desde mayo de 1996 es columnista permanente del diario La Nación de Buenos Aires y de The New York Times Syndicate, que publica sus artículos en doscientos diarios de Europa y las Américas.

Además de su trayectoria periodística y literaria ha desarrollado una extensa carrera académica que comprende conferencias y cursos en importantes universidades de Europa, Norteamérica y Sudamérica, así como su vinculación como profesor a la universidad de Maryland (1984-1987). Desde julio de 1995 es profesor distinguido de Rutgers University en Nueva Jersey y director del Programa de Estudios Latinoamericanos de esa universidad. Recibió títulos de doctor honoris causa de la Universidad John F. Kennedy de Buenos Aires y de la Universidad de Tucumán.

Ha sido fellow del Wilson Center de Washington DC, de la fundación Guggenheim y del Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame, Indiana.

Entre las obras que ha publicado figuran el ensayo Estructuras del cine argentino (1961); la novela Sagrado (1969); el relato periodístico La pasión según Trelew (1974), cuya tercera edición fue quemada en la plaza del III Cuerpo de Ejército, en Córdoba, por la dictadura militar; los ensayos de crítica literaria Los testigos de afuera (1978), y Retrato del artista enmascarado (1982); la colección de relatos Lugar común la muerte (1979); las novelas La novela de Perón (1985) y La mano del amo (1991) y, por supuesto, Santa Evita (1995), la novela argentina más traducida de todos los tiempos. En 1996, publicó Las memorias del general, una crónica sobre los años 70 en la Argentina.

Ganó en 2002 el codiciado Premio Internacional Alfaguara de Novela por su novela El vuelo de la reina.

Es también autor de diez guiones para cine, tres de ellos en colaboración con el novelista paraguayo Augusto Roa Bastos, y de varios ensayos incluidos en volúmenes colectivos.

En 2008 se le entregó el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria que entrega la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, la distinción en su tipo más importante del país. El premio fue por su fecunda trayectoria dentro del periodismo y la crítica cinematográfica.

En 2009 resultó premiado con el Ortega y Gasset de Periodismo a la Trayectoria Profesional.[2]

Tomás Eloy Martínez falleció el 31 de enero de 2010 a los 75 años de edad, a causa de un cáncer que sufrió durante varios años.

Obras:
Estructuras del cine argentino (1961) Ensayo
Sagrado (1969) Novela
La pasión según Trelew (1974) Relato periodístico
Los testigos de afuera (1978) Ensayo de crítica literaria
Lugar común la muerte (1979) Colección de relatos
Ramos sucre. Retrato del artista enmascarado (1982) Ensayo de crítica literaria
La novela de Perón (1985) Novela
La mano del amo (1991) Novela
Santa Evita (1995) Novela
Las Memorias del General (1996) Crónica sobre los años 70 en la Argentina
El Suelo Argentino (1999)
Ficciones verdaderas (2000)
El vuelo de la reina (Premio Alfaguara 2002)
Réquiem por un país perdido (2003) Ensayos y crónicas periodísticas escritas en los últimos 15 años
Las vidas del general (2004)Memorias del exilio y otros textos sobre Juan Domingo Perón
El cantor de tango (2004) Novela
Purgatorio (2008)

FOGWILL DESPIDE A LEONIDAS LAMBORGHINI


EL GRAN POETA MURIÓ A LOS 82 AÑOS
 
"Iba de uno a otro ángulo narrando siempre la aventura de lenguaje de su solicitante descolocado. Lo había hecho desde el principio. Y lo continuó con la visión de "Eva Perón en la hoguera", incluido en Partitas, en 1972, donde la pasión de Eva es en los dos sentidos: como deseo insatisfecho y como holocausto."
Jorge Aulicino



Es bueno que la gente muera. Él, por ejemplo, habría celebrado este comienzo. Era tan viejo –catorce años mayor que yo– y seguía ahí, establecido entre lo más vivo de nuestra literatura.

No pasaban tres años sin que nos brindara un nuevo libro y cada uno tan joven y tan nuevo y original como su clásico de 1955. Desde ese libro siguió escribiendo sin plagiarse ni seguir otra moda que la que él mismo impuso a la poesía. Para plagiar y repetirlo estábamos nosotros, los estigmatizados por su impronta. En aquel Saboteador arrepentido estaba todo y aparecía gritado con mayúsculas, entre signos de exclamación: “¡YO NO SOY TECNICO YO NO SOY TECNICO! Habla, dí tu palabra y si eres poeta, ‘eso’ será poesía. Que lo que digas sea el pulso de la vida antes que un elemento de la música.”

Aquella poesía de los 50 recogía la voz de aquel que estaba “detrás/ lanzando/ y arrojando otro y otro/ cómo/ no hacerlo entonces/ en medio de un país/ podrido por la injusticia.” Armado de una poesía sin utopías (“su izquierda es mi derecha”, decía burlón), pero libre de toda buena voluntad, fue el primer y el último poeta del peronismo: tal vez el único, a pesar de su devoción por Marechal. Su peronismo no fue nunca una política de Estado ni un proyecto electoral.

No era el peronismo de la “columna vertebral” que eligió su general sino el del artista desclasado que elegía su desplazamiento como el refugio de una verdad a la que nunca habría de renunciar. En nombre de esa verdad, pintó su propia muerte en Mirad hacia Domsaar, animándola con su alter ego el moribundo Pijg, piloto de una camilla casi catafalco, que recorre la ciudad cargada de monitores que registran hasta el sin cansancio los signos vitales. Creador de la prosa cortada que cultivó Osvaldo, celebraba como prueba de la imbecilidad postmoderna todo lo que escribía sobre su hermano ignorando su fuente.

No influyó sobre tres generaciones de poetas que lo citaron o lo admiraron, desde Cantón hasta Durand, Gambarotta y Martín Rodríguez: violentamente los matrizó.

Claro que quedan y siguen flotando sus ideas y su preceptiva, pero más pesará su música siempre ligada a una revelación: “Veo a dos tarados/ con caras de pescados/ haciéndose el amor…/ Maravilloso es el amor/ que anima a los tarados/ pero lo más maravilloso es/ que la verdad/ pueda nacer/ de la boca de un idiota..” Alguna vez, como dos tarados, temblamos juntos oyendo los versos y la música de Cartola: “En Mangueira/ cuando muere/un poeta/ todos lloran…/ Vivo feliz en Mangueira/ porque sé/ que alguno ha de llorar por mí/ a través de un pandeiro/ y de un tamboril… / Pero el llanto/en Mangueira/ es tan diferente/ que es un llanto feliz/ que alegra a la gente”. Lo lloramos así.

Por Rodolfo Fogwill
Fuente: Perfil
Más información: http://www.perfil.com/
Enviado por Gacemail - TEA imagen

Evita y Agustín Magaldi


Desde el colegio, la futura primera dama mostraba interés por el teatro.

Cuentan que cuando estaba cursando sexto grado participó en una obra de teatro llamada "Arrriba estudiantes".

Mientras seguía sus estudios, crecían sus aspiraciones a ser una estrella.

La idea se cristalizó cuando conoció a Agustín Magaldi, conocido como el Carlos Gardel del interior de Argentina, el cantante le dio la idea de que se fuera a Buenos Aires.

Eva llegó a la capital en enero del año 1935.

Norberto Galasso y su biografía de Evita


Por Norberto Galasso
Esa mujer

El 17 de mayo de 1919 nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, una niña que llamaron Eva María Ibarguren, denominación que ha suscitado el comentario maligno de una escritora por anteponer el nombre de una pecadora al nombre de la virgen. Era la quinta hija de doña Juana Ibarguren y su concubino, Juan Duarte (padre). Familiarmente, la apodarían Chola y pasaría a la posteridad como una de las mujeres más importantes del mundo durante el siglo XX con el nombre de Eva Perón, aunque en el rincón más cálido de las emociones populares en la Argentina sería, como ella quiso, simplemente Evita.
Desde su nacimiento, cargaba esta criatura con tres humillaciones: ser hija extramatrimonial, no reconocida por su padre (que, en cambio, había reconocido a sus cuatro hermanos), ser mujer, grave delito para aquella sociedad machista para la cual sólo debería servir para la cocina y la cama, y ser pobre, receptora, un 6 de enero, cuando tenía 7 años, de una muñeca con una pierna rota que era lo único que habían podido regalarle unos Reyes Magos demasiado menesterosos.
Probablemente de estas humillaciones brotó su rebeldía y su confraternidad con todos los desamparados de su tierra, marginados de las instituciones, expoliados por los poderosos, víctimas también de la discriminación por género. Trasladada con su familia a Junín, a los once años, se ahoga en el ámbito aletargado de la ciudad pueblerina, abrumado de prejuicios y rutinas, con la misa dominguera y la caminata alrededor de la plaza en los atardeceres. Allí recita en el escenario de la escuela para las fiestas patrias mientras remonta sueños, proyectos, triunfos en el mundo del espectáculo, hasta que a los quince años se lanza a la aventura de la Buenos Aires pletórica de músicas y luces de neón donde –está segura– habrá de alcanzar el éxito y dejará de ser la Chola para ser Eva Duarte en las carteleras de teatros y cinematógrafos.
Llegan entonces los años difíciles para abrirse camino en el campo minado de los productores, directores, representantes artísticos y periodistas, hasta llegar a la tapa consagratoria de la revista Antena (1939). Según algunos comentaristas, “mala en la cinematografía, era mediocre en el teatro y alcanzaba lo mejor de sí misma en la radiofonía”. Pero, a través de esas diversas vicisitudes mantiene una consecuencia: “Tengo en el corazón un sentimiento fundamental: mi indignación contra la injusticia”.
En 1943, antes de conocer a Juan Domingo Perón, ya interviene en la creación de un gremio: la Asociación Radial Argentina, de la cual es presidenta poco después. (Este suceso será sugestivamente olvidado en la lucha política pues le imputarán a Perón hacer pareja con una actriz –o cosas peores–, en vez de admitir que se une sentimentalmente con una gremialista.) Como es sabido, un día de enero de 1944, en el festival del Luna Park para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, lo conoce al Coronel y esto marca un hito fundamental en su vida. Su rebeldía, su indignación contra la injusticia, inclusive su difusa vocación por una sociedad igualitaria aprendida de un novio anarquista de adolescencia, encuentra ahora cauce escuchando los proyectos que él le confía en una Munich de la Costanera, con el río por telón de fondo. No participa en el 17 de octubre –como pretende un mito innecesario– pero crece con el movimiento popular hasta hacerse símbolo de los descamisados y de los derechos femeninos. En esa época, goza los mejores días de su vida en la quinta de San Vicente, de enamoramiento y admiración por el líder que está emergiendo y el movimiento nacional en marcha.
En él ocupa inicialmente el lugar de “La primera Dama” vengándose, con los mejores vestidos, de las señoronas de la clase alta en las noches de gala del Teatro Colón. Pero a partir de 1946 se convierte en algo así como un ministro de Trabajo paralelo respecto del secretario de Trabajo y Previsión José María Freire, recibiendo los reclamos, anhelos y sugerencias de los trabajadores, que transmite al Presidente. Armando Cabo, uno de los principales dirigentes gremiales de la época, dirá que su labor fue fundamental “como puente entre Perón y la clase trabajadora”. En el armado policlasista del frente de liberación nacional, el General necesitaba un contacto directo con “la columna vertebral” –los sindicatos– y esa tarea la realizó ella, que ya empezó a ser “Evita” y dejó los vestidos lujosos por el traje sastre y el peinado con rodete. Después, vino su viaje a Europa y al regresar, la puesta en marcha de la Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al movimiento.
Allí entregó su vida. “No era beneficencia –recordaba su confesor, el padre Hernán Benítez–. Le llevaba remedios a un enfermo pero además lo besaba sin importarle sus llagas. Yo, pastor de Cristo, daba un paso atrás para no contagiarme y ella me reprendía: –No venimos a traer remedios, padre. Venimos a dar solidaridad, afecto, al compañero que sufre... Un día –recuerda Benítez– íbamos en el auto a la residencia cuando ella advirtió que en la puerta de un Banco una anciana lloraba. Hizo detener el auto y cuando se enteró que no le habían pagado la jubilación por una cuestión burocrática, entró con ella al Banco –y yo detrás, porque iba sin custodia– y dijo bien fuerte, en el medio del salón: ¿Quién fue el hijo de puta que le dijo a esta señora que viniera otro día? Esa era Evita”. (Así, los gobiernos populares “violan las instituciones liberales” con escándalo de los gorilas.)
En esa tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roerla impiadosamente. Era preciso estarse hasta la madrugada para contestar las cartas porque ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta, superando la endeblez de los 38 kilos. El pueblo entendió ese amor desenfrenado. La oligarquía también y por eso la odió: “Viva el cáncer” escribieron en las paredes. Ella, consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: “Gracias, Juan”. Los evitistas de última hora jamás podrán comprenderlo, ese “evitismo antiPerón” que, como dijo alguien, “es la etapa superior del gorilismo”.
Luego vino la contrarrevolución y secuestraron su cadáver. Al devolverlo, dieciséis años después, en 1971, en Puerta de Hierro, abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello. Tal era el odio, a niveles tan altos como, por contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón sólo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento clasista: ¡Miserables!.

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