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H.C.F Mansilla: La Bolivia que no cambia - un envío de Santos Diamantino



H.C.F Mansilla: La Bolivia que no cambia
Entrevista de Claudia Gonzales Yaksic

“Yo creo que los indianistas, bajo esa apariencia radical de modificar todo, en el fondo lo que quieren es preservar valores muy antiguos y muy convencionales, jerárquicos, verticales, autoritarios, machistas, que vienen de muy atrás, pero ahora con un aspecto revolucionario del cambio total.”

En mi caso, para conseguir una entrevista exclusiva con H.C.F. Mansilla, el pensador contemporáneo más brillante que tiene Bolivia, necesité tragarme el orgullo de por lo menos tres rechazos sin derecho a réplica, vencer una prueba de escritura y, obviamente, tener el respaldo de una marca como es el periódico Los Tiempos.

Una vez roto el hielo y en un encuentro en vivo y directo (Mansilla estuvo en Cochabamba días atrás para participar de un seminario sobre René Zavaleta), este prominente intelectual se muestra tan fascinante como lo es su pensamiento.

Empiezo la entrevista preguntándole qué opina de los cambios drásticos que ha sufrido Bolivia en la última década y responde sin dudar: “Yo supongo, al contrario de lo que usted dice, que el país ha cambiado muy poco en las últimas décadas y que arrastra tradiciones, puntos de vista, normas de comportamiento, pautas de orientación que son más o menos las mismas desde hace muchísimo tiempo. Lo que cambian son pequeños aspectos exteriores, por ejemplo, un Gobierno puede ser más afecto en la teoría a cuestiones indianistas, a resaltar valores de las culturas aborígenes, puntos de vista ancestrales, pero eso creo yo que es lo superficial”.

Mansilla hace una pausa breve e inmediatamente ejemplifica su posición: “Quiero mostrarle, por ejemplo, algunos aspectos de lo que no cambia a través de siglos. En la época de la colonia, por ejemplo, lo más usual era la instrumentalización del Poder Judicial por el Poder Ejecutivo. La inmensa mayoría de toda la documentación existente en el Archivo de Indias, son quejas, agravios de la población contra el mal funcionamiento de juzgados y fiscalías y, al mismo tiempo, son quejas sobre cómo el Estado, las autoridades del momento, oidores, la administración virreinal, hacían que la justicia realmente siempre falle a favor de los que tenían buenos contactos con el Poder Ejecutivo y creo yo que esta instrumentalización del Judicial por el Ejecutivo se ha mantenido vigorosamente hasta hoy, y más bien en los últimos diez años ha tenido un renacimiento notable”.

Para el enemigo la ley

Según H.C.F Mansilla, doctor en Filosofía por la Universidad Libre de Berlín, otro aspecto ligado al anterior es la continua vigencia del principio virreinal de “al amigo todo, para el enemigo la ley”. Es decir, “la idea de la discrecionalidad, al amigo, al aliado, al allegado, se le permite prácticamente todo. En cambio, al enemigo basta con aplicarle los instrumentos de la ley, con lo cual la ley viene a quedar como algo negativo, como algo horrible que se aplica sólo en casos extremos”.

“Otra cosa que no ha cambiado gran cosa —abunda Mansilla—, es la cantidad de trámites a los que está sujeto el ciudadano común. También en la colonia había una enorme cantidad de protestas que se debía al carácter muy enrevesado y complicado de la burocracia colonial, y aquí hay ciertas instituciones que no han variado gran cosa. Me refiero, por ejemplo, a Derechos Reales, que es una institución extremadamente complicada y, obviamente, los más interesados en que no cambie nada, es esa hermosa fauna de gestores, abogados; es decir, de los que viven aprovechándose de que los normales litigantes no tienen ni tanto tiempo ni tanto dinero para perder haciendo los trámites correctamente; entonces, ellos, igual que en la colonia, se aprovechan de esa situación”.

La mala educación

Otra cosa que en Bolivia no ha cambiado nada, según este pensador, es la mala conformación de la educación en general y de la universidad en particular. “Ambas instituciones siguen siendo memorísticas, siguen teniendo una tendencia muy fuerte a no tratar temas que tiene que ver con otras culturas, o sea muy cerradas por las montañas que al mismo tiempo protegen, pero también aíslan del mundo exterior. Entonces, en los campos de la educación, del funcionamiento normal, de las funciones estatales, en el caso concreto del Poder Judicial, se arrastran, creo yo, tradiciones que vienen de muy atrás y que no han cambiado nada”.

Con dos libros publicados este 2016 en Rincón Ediciones: “Filosofía Occidental y Filosofía Andina” y “Las raíces conservadoras bajo las apariencias radicales en América Latina”, Hugo Celso Felipe Mansilla Ferret, asegura que otro aspecto que en Bolivia no ha cambiado nada en las últimas décadas, es “la arrogancia de los que detentan ocasionalmente el poder y empiezan siempre como amigos del pueblo, como fue el caso del 52 con el MNR y del 82 con la UDP, y terminan conformando élites extraordinariamente privilegiadas y alejadas de los intereses del pueblo llano”.

Educación y cambio

El pueblo, la gente que camina en las calles, siempre espera que las cosas que están mal cambien. ¿Qué se necesita para que una sociedad se transforme? “Estimada señora Gonzales —comienza respondiendo Mansilla—, no existe ninguna receta. Si hubiese una receta, ya se la habría aplicado en algún país del mundo. Una cosa fácil y simple, de efectos contundentes y rápidos, eso no hay. Lo que se puede pensar, siguiendo el modelo de cambio más exitoso, que es el de los países escandinavos en el siglo XIX o de Corea del Sur, Singapur en el siglo XX; es apostar por la educación, por un cambio real motivado por la modificación de pautas educacionales”.

Pero para eso —dice el pensador— hace falta una verdadera reforma, seria, sostenida en el tiempo “y no estas simples declaraciones líricas que han sido la reforma educacional de 1952 en adelante, bajo el MNR o las otras que ha habido en los últimos años, que en realidad no modifican gran cosa las pautas profundas de comportamiento de la población, que más bien tienden a consolidar lo de antes”.

Indianistas conservadores

“Por ejemplo, yo supongo, pudiendo equivocarme fácilmente —sentencia H.C.F. Mansilla—, que todas estas tendencias indianistas radicales de izquierda, en el fondo son muy conservadoras, en el sentido de que preservan, mantienen valores de orientación muy antiguos, con una pintada exterior, con un aspecto exterior radical, pero que en el fondo son muy conservadores. Esto me ha preocupado sobre todo en el caso del indianismo, he publicado un pequeño libro en la editorial Rincón Ediciones sobre este caso. Yo creo que los indianistas, bajo esa apariencia radical de modificar todo, en el fondo, lo que quieren es preservar valores muy antiguos y muy convencionales, jerárquicos, verticales, autoritarios, machistas, que vienen de muy atrás, pero ahora con un aspecto revolucionario del cambio total. Yo creo que en eso Bolivia es uno de los países relativamente más conservadores del mundo, junto con el ámbito islámico”.

http://www.lostiempos.com/actualidad/cultura/20160711/hcf-mansilla-bolivia-que-no-cambia

(*) La autora es periodista.

Claudia Gonzales Yaksic
Publicado el 11/07/2016

Atte. Santos Diamantino
Lic. en Filosofia (UMSA)

Fidel con el Papa: reflexión previa


Reflexiones de Fidel: Los tiempos dificiles de la humanidad

El mundo está cada vez más desinformado en el caos de acontecimientos que se suceden a ritmos jamás sospechados.
Los que hemos vivido un poco más de años y experimentamos cierta avidez por la información, podemos testificar el volumen de ignorancia con que nos enfrentábamos a los acontecimientos.
Mientras en el planeta un número creciente de personas carecen de vivienda, pan, agua, salud, educación y empleo, las riquezas de la Tierra se malgastan y derrochan en armas e interminables guerras fraticidas, lo cual se ha convertido ―y se desarrolla cada vez más― en una creciente y abominable práctica mundial.
Nuestro glorioso y heroico pueblo, a pesar de un inhumano bloqueo que dura ya más de medio siglo, no ha plegado jamás sus banderas; ha luchado y luchará contra el siniestro imperio. Ese es nuestro pequeño mérito y nuestro modesto aporte.
En el polo opuesto de nuestro planeta, donde se ubica Seúl, capital de Corea del Sur, el presidente Barack Obama se reúne en una Cumbre de seguridad nuclear, para imponer políticas relacionadas con la disposición y uso de armas nucleares.
Se trata sin dudas de hechos insólitos.
Personalmente no me percaté de estas realidades por simple casualidad. Fueron las experiencias vividas durante más de 15 años desde el triunfo de la Revolución cubana ―tras la batalla de Girón, el criminal bloqueo yanki para rendirnos por hambre, los ataques piratas, la guerra sucia y la crisis de los cohetes nucleares en octubre de 1962 que puso al mundo al borde de una siniestra hecatombe―, cuando llegué a la convicción de que marxistas y cristianos sinceros, de los cuales había conocido muchos; con independencia de sus creencias políticas y religiosas, debían y podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos.
Así lo proclamé y así lo sostengo sin vacilación alguna. Las razones que hoy puedo esgrimir son absolutamente válidas y aún más importantes todavía, porque todos los hechos transcurridos desde hace casi 40 años lo confirman; hoy con más razón que nunca, porque marxistas y cristianos, católicos o no; musulmanes, chiítas o sunitas; libre pensadores, materialistas dialécticos y personas pensantes, nadie sería partidario de ver desaparecer prematuramente a nuestra irrepetible especie pensante, en espera de que las complejas leyes de la evolución den origen a otra que se parezca y sea capaz de pensar.
Gustosamente saludaré mañana miércoles a Su Excelencia el Papa Benedicto XVI, como lo hice con Juan Pablo II, un hombre a quien el contacto con los niños y los ciudadanos humildes del pueblo suscitaba, invariablemente, sentimientos de afecto.
Decidí por ello solicitarle unos minutos de su muy ocupado tiempo cuando conocí por boca de nuestro canciller Bruno Rodríguez que a él le agradaría ese modesto y sencillo contacto.
Fidel Castro Ruz
Marzo 27 de 2012
8 y 35 p.m.
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Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba
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**Visita: http://bohemiaylibre.blogspot.com

El "Tata" Yofre en tv el lunes 12/07

Estimados amigos:


El Tata Yofre va a estar en Canal 26, mañana lunes 12 de julio a la hora 22.30. en el programa "La Mirada", conducido por Roberto García.

Cordialmente. Horacio Calderón

ENTREVISTA: Tomás Eloy Martínez - Escritor

Realizada por MIGEL MORA - Madrid
EL PAÍS - Cultura - 08-11-2002
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No es frecuente encontrar a un conversador como Tomás Eloy Martínez. Te envuelve en su red de palabras y no hay forma de escaparse. Lo sigues absorto, y basta. Más o menos lo mismo pasa leyendo Santa Evita, esa novela mito que suma y trasciende los influjos de su protagonista y de su autor y te atrapa desde el primer párrafo. Martínez dice que 'la literatura es un juego entre verdad y mentira, y que lo importante no es qué es verdad o mentira, lo importante es el juego'. Y eso hizo Santa Evita: lo que era mentira antes de que se publicara la novela, en 1995, se convirtió en verdad, y lo que era verdad se volvió mentira. Mentiras o verdades en todo caso irresistibles: el libro se ha publicado ya en al menos 35 países, ha seducido a cientos de miles de lectores y amenaza claramente con seguir ejerciendo su poder más allá del tiempo, de su autor y quizá de su protagonista.

Pregunta. O sea, que 50 años después Evita vuelve a resucitar.

Respuesta. Ella resucita siempre, no deja de resucitar. Es una novela que tiene una historia extraña. Debí haberla empezado en 1989 o 1990, cuando se me presentaron tres militares diciéndome que ellos conocían la verdad sobre el cadáver de Evita. Y ese episodio, que se cuenta en el capítulo final, es lo único cierto de toda la novela. En aquel momento había gran polémica con los historiadores argentinos por mi libro anterior, La novela de Perón, que suscitó el debate sobre el derecho de los novelistas a modificar la historia oficial. Así que, antes de ponerme con Evita, escribí una novela lírica, La mano del amo. Abrió un hiato, los desconcertó, me convenció de que era capaz de la diversidad y de que no me iba a convertir inmediatamente en peronólogo. Pero después volvió el juego: detecté puntos oscuros en la historia de Evita, y se me ocurrió que, como la novela es un género impuro por naturaleza, podía invertir la técnica de la non-fiction de los años sesenta, de Capote, Mailer o Gabo en Historia de un náufrago, y narrar una historia ficticia con las técnicas del periodismo. La sorpresa fue que la gente se lo tomó en serio, se creyó que todo era verdadero. Y la novela tuvo una vida poderosa, salvo en España, donde pasó casi inadvertida por razones que áun no se han podido descifrar.

P. ¿Y sabe que se le recordará por esa novela, aunque escribiera otro Quijote?

R. Lo sé. Son maldiciones que uno tiene. Como Gabo no se ha podido quitar la de Cien años de soledad.

P. ¿Tenía conciencia de eso cuando la escribía?

R. Para nada. Me tomé un año sabático para escribirla. Mi mujer me mantenía con sus clases, lo llamó 'la beca Santa Evita'. Estábamos llenos de deudas, debíamos 10.000 dólares al editor de Seix Barral, y cuando terminé, dijimos: 'Si al menos nos alcanzara para pagar...'. No sabía... Escribes en definitiva para ti mismo, no para el lector, para encontrarte contigo mismo, como un modo de reconocerte en lo que desconoces. La escritura es un juego en el que apuestas por el descubrimiento de la vida que hay en ti y no sabes que está ahí.

P. ¿Y qué es lo que encontró en las peripecias de un cadáver?

R. Una parte resultó ser la necrofilia de la tradición argentina, que afloró en la novela y empezó a verse como un elemento sustancial del país. El cadáver ambulante de Evita, la pasión por su momia, era a la vez un síntoma de la melancolía por la grandeza perdida y un símbolo: el de la primera desaparecida. Evita fue la primera desaparecida.

P. Además de populista, trepa, diosa, benefactora...

R. Yo, que me empapé todos los documentales en que salió, aún no tengo una visión unívoca. Era un ser complejo, una mezcla de intolerancia, fanatismo, violencia verbal, ternura y flaqueza femenina, capaz de un pensamiento muy autoritario y de mucha compasión a la vez. Y muy sincera... Felizmente para la novela, porque los personajes de una pieza son un fracaso absoluto. Ella incluso muerta era capaz de desatar el amor y la tragedia. El coronel que custodió la momia se enamoró perdidamente de ella.

P. ¿Y usted, sufrió maldiciones?

R. Desde que acabé la novela me sucedieron todo tipo de desgracias, a mí y a mi familia. La gente dijo que era culpa suya. Yo también lo pensé, pero pude pagar mis deudas y comprarme una casa. Luego, el premio a El vuelo de la reina lo exorcizó todo.

P. ¿A qué género pertenece Santa Evita? ¿Histórico, de tirano...?

R. ¿De tirano? Completamente distante. El otoño del patriarca; Yo, el supremo y Terra nostra cuestionaron el poder de la historia para dictar la verdad y reivindicaron el poder del relato para alzarse contra la escritura del poder. Ahí vimos que en el duelo historia-ficción siempre gana la ficción, lo que viene después. La fiesta del chivo o La novela de Perón ya no se basan en ese alzamiento, sino en la visión de la historia como un tejido complejo que mezcla la vida de los pueblos y la recreación del poder como tejido cultural. Santa Evita deja de ser reconstrucción para ser transfiguración: no reconstruye, aunque tenga detrás mucha investigación. Es invención, fábula, exige que la novela tenga carta de naturaleza para mentir. La fatalidad es que luego nadie cree que sea mentira, aunque uno se empeñe en decirlo.

P. Lo mismo, al revés, le pasa a su amigo García Márquez con sus memorias. Usted mismo ha escrito que son su mejor novela.

R. Él jura que todo es verdad, y dice que la verdad es lo que él recuerda, lo cual es un guiño que no garantiza nada. Ha construido una formidable novela con su vida, que además cuenta la historia de Colombia como ningún libro de historia. El relato del Bogotazo es lo mejor que se ha escrito sobre eso. La novela (o las memorias) reivindica además una cosa muy importante, la sustancia periodística de todas las grandes ficciones latinoamericanas. No hay ningún escritor latinoamericano, ni el poeta más difícil como César Vallejo u Octavio Paz, que no haya sido un gran periodista al mismo tiempo.

P. ¿Fue ésa la fórmula mágica del boom: periodismo + mentiras?

R. Bueno, no hay que olvidar que el boom viene de la tradición del XIX: las novelas se publicaban en los periódicos en forma de folletín. Mientras Austen, Balzac, Dostoievski iban haciendo su registro fotográfico de la realidad, la novela iba ciñéndose al entramado entre la experiencia real y la imaginación de lo posible. Las obras capitales del boom son construcciones literarias, pero leyendo Vivir para contarla te das cuenta de cuánto registro real había en Cien años de soledad. Transfigurado por el lenguaje, eso produjo el éxito instantáneo de Gabo: todo el mundo, desde el Caribe al Cono Sur, había conocido a alguien parecido al Coronel Buendía. Eso sorprendió mucho a Bioy: él había aprendido la realidad en sus lecturas anglosajonas.

P. ¿Qué fue de los grasitas de Evita Perón, de sus desheredados?

R. Han perdido la voz, toda sombra protectora del poder. El peronismo, tras Menem y López Rega, es sólo un fermento de corrupción. Argentina yace en ruinas porque nadie ve el modo de encauzar las pulsiones de los pobres. El país está en manos de una clase rapaz e incompetente. Y, mientras, la cultura argentina está más viva que nunca. Pero no hay diálogo posible con el poder. Cuando el poder es sordo y analfabeto, la palabra no tienen ningún eco.

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