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Montserrat Caballé: una voz contra la mediocridad


¡Bravo, doña Montserrat!!, estas son las voces que callan a los mediocres.

EN ESPAÑA HAY MUCHAS BANDERAS PERO LA MÍA ES LA ESPAÑOLA

Montserrat Caballé se emociona al hablar contra la independencia: "Necesito decir esto: soy de Naciones Unidas desde el 88 y nos han enseñado la convivencia. Los pueblos del mundo tenemos que estar unidos. No podemos hacer cadenas, las cadenas son para la esclavitud. Las cadenas humanas son para separar. Las cadenas pueden ser de hierro, de oro, de plata, pero tienen que ser buenas cadenas. No tienen que ser cadenas que separan y humillan". En este sentido señaló que "se ha dicho que ha habido un millón y medio de personas en la cadena, ¿dónde estaban los siete millones restantes?".

La soprano también explicó que "en una cena muy importante en la Generalitat, estábamos cenando con el presidente Pujol y su esposa y el 'ministro' de Cultura (Conseller de Cultura)-y no es que yo le odie- me dijo que yo era una catalana universal pero que mi único defecto era haberme casado con un extranjero. Me resultó patético. Me levanté de la mesa para irme, pero Marta Ferrusola me levantó de la mano y me dijo 'siéntate, hay gente que no sabe lo que dice'".

"Cuando tienes la suerte de viajar por todo el mundo, como me ha pasado a mi, y conoces tantos pueblos y tanta gente diferente te das cuenta que las hostilidades no funcionan", opinó, además de indicar que "he sido una embajadora de España como todos los cantantes. Y como me enseñaron en Naciones Unidas, por la unión de las gentes y de los pueblos. Quien pone cadenas me hace daño, extirpa a todo el resto, lo manda fuera".

"Estoy muy feliz de haber nacido en Barcelona, de haberme casado con un aragonés, de que mi madre era de Valencia y que mis hijos hayan estudiado en España", sentenció. Tras estas palabras, y recibir una ovación, Montserrat Caballé tuvo que secarse las lágrimas de los ojos.

Montserrat, te has ganado a tus compatriotas " Viva ESPAÑA".

(Enviado por Paco desde Madrid).
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Vendiendo Buzones en Carnaval - Por Enrique Guillermo Avogadro


“Con la verda´ no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta”. 
Roberto Fontanarrosa

Señora Presidente, debo decir que, una vez más, el sábado me hizo recuperar la capacidad de asombro, ésa que mantiene jóvenes a los mayores, con su estilo tan mesurado y exento de las habituales diatribas contra sus imaginarios enemigos, un modo que tanto ha crispado a la sociedad en que usted y yo vivimos; tampoco nos deleitó con esos espectáculos de danza que tanto le gustan y practica y que, a veces, han llegado a incluir el Himno.

Sólo una pequeña corrección institucional: al decir, refiriéndose tantas veces a mayo de 2003 como “cuando llegamos”, demostró que considera a la Presidencia de la República como bien ganancial; ignoro si algo así incluía la reforma constitucional que sus aplaudidores propugnaban pero, en cualquier caso, le recuerdo que no fue aprobada.

En cuanto al fondo sí, fue más de lo mismo, ya que nos informó que estamos en el país más maravilloso del mundo, envidia de muchos otros, desplegando durante tres horas un muestrario completo de las cifras que todos, la realidad incluida, nos negamos a ver. Ya no se puede engañar, como se hizo desde entonces, a todo un pueblo, ya que ese país fantástico no es percibido tampoco por la mayor parte de su base electoral, que la reeligió con un ya imposible 54%; pese a que usted no se resignó a mencionar los problemas, la gente cree más en lo que le dice el carrito del supermercado y está mucho más que preocupada por el innegable crecimiento de la brutal inseguridad y el narcotráfico, y de todo ello hace responsable a su gobierno.

En un país que, según usted, produce alimentos para cuatrocientos millones de personas, surgen dos inevitables preguntas, la primera de los cuales clama al Cielo: ¿por qué, entonces, sigue habiendo hambre y desnutrición en la Argentina? y ¿por qué se prohíben las exportaciones de carne y trigo?

Si bien es cierto que siguió inculpando a los industriales (nunca al Gobierno) por los aumentos de precios percibí, en general, su discurso como un pedido de ayuda a los gremialistas, en general, y a los docentes en particular; resta saber si las bases estarán dispuestas a callar cuando sus dirigentes acepten caídas en el salario real a cambio de algunas monedas (por ejemplo, fondos para las obras sociales) o, por el contrario, marcharán con la cabeza de éstos a exigir algo que la economía ya no puede darles.

Por el contrario, usted, en medio de la profusa enumeración de fabulosos logros que sólo existen en su afiebrada imaginación, realizó anuncios que, de concretarse, implicarían un crecimiento del gasto público que, una vez más, empujará a la inflación, que ya parece ser un globo de gas. Mientras la escuchaba, señora Presidente, y la veía para no perderme sus mohines, no podía dejar de pensar en que, durante estos once años, el kirchnerismo recaudó casi un billón (un millón de millones) de dólares.

Cuando mencionó las teóricas inversiones en infraestructura, por ejemplo, recordé algunas de las rutas tan deterioradas que utilizo, los puentes y puertos faltantes, los teléfonos celulares que no funcionan, los cortes de luz cuando hace calor y los de gas cuando hace frío, los ferrocarriles cuyas mejoras prometió por enésima vez, las centrales nucleares que aún no existen, los hospitales que se caen a pedazos y carecen de los insumos más elementales, las imaginadas extensiones de las redes de gas que aún obligan a los más pobres a comprar garrafas, la falta de redes cloacales y tantas otras inexplicables carencias de una población cuyo gobierno ha manejado tantos fondos. Señora, ¿dónde fueron a parar esos dineros?

Habló usted de la modernización de la flota de Aerolíneas Argentinas y en la conectividad aérea de las provincias; pero olvidó decir que la empresa le cuesta al país casi tres millones de dólares diarios, sólo para que viajen los más ricos y cobren sus magníficos sueldos los “jóvenes para la liberación” de La Cámpora.

Gracias a Dios omitió contarnos su versión de los goles secuestrados pero donde su “relato” se hizo más expresivo fue cuando describió, con muchas lagunas, su propia historia en el affaire YPF-Repsol. El miércoles pasado, previendo que esta columna debería referirse a lo que diría el sábado en el Congreso, escribí una nota sobre el tema, “Sinfonía para Saqueo a Muchas Manos” (http://tinyurl.com/mrfqltg), que llena algunos de los detalles que usted olvidó.

Tal vez lo más curioso de su pieza oratoria fue el reclamo al Congreso de una legislación que impidiera que las protestas impidan la libre circulación de los ciudadanos; pese a ser una autodenominada “abogada exitosa”, no recordó que en el Código Penal ya está tipificado ese delito y que, por lo demás, tanto don Néstor (q.e.p.d.) cuanto usted misma no sólo las toleraron durante los últimos once años sino que las incentivaron y financiaron, cuando estaban dirigidas a opositores o presuntos agiotistas. El pobre Julián Santo Domínguez, actual Presidente de la Cámara de Diputados, al salir del acto se enredó ante las preguntas de los movileros, y trató de explicar que esa represión se daría sólo ¡cuándo quienes cortaran las calles fueran pocos!; realmente original. Le cuento, señora, que si pretende utilizar al Ejército del Espión Milani para contener la inquietud social y conservar, de algún modo, el control de la calle, no podrá hacerlo, al menos mientras permanezcan en la cárcel mil seiscientos presos políticos, muchos de ellos sin condena y, en la gran mayoría con edades superiores a los setenta años y con graves enfermedades.

Eso nos lleva a su anuncio de lo que será el tema más trascendente de este año legislativo: la reforma de los códigos Civil, Comercial, Penal y Procesal Penal. En todos los casos, los proyectos que ya ha enviado el Ejecutivo o lo hará próximamente contienen modificaciones sustanciales al modo de vida de los argentinos, que debieran ser motivo de un profundo debate, y traerá impunidad a los corruptos, la reducción de penas para los delincuentes y la desaparición de la reincidencia como agravante. Este momento en que la ciudadanía no para de llorar a los muertos y heridos por la corrupción, la inseguridad y el narcotráfico, debiera obligar a los legisladores a reflexionar acerca de su vocación, señora Presidente, de pasar a la historia como reformadora, y cuánto le costará al país si, también en estos graves temas, siguen usando el habitual “sí, Cristina” que han practicado todos estos años.

Es cierto que no pudo más que aplaudir la gestión del “Chiquito pero rendidor” Kiciloff quien, a contramano de cuanto ha pregonado tantas veces, está tratando de reconstruir los puentes dinamitados con los mercados de capitales que usted tanto necesita, pero me parecieron un poquito exageradas las ponderaciones al ex Twitterman por su labor al frente la Cancillería. El mundo mira países y no gobiernos, y la reparación del daño que estas curiosas y contradictorias ¿políticas? exteriores le han producido a la Argentina costará mucho y demorará años. Don Néstor (q.e.p.d.) creyó que insultaba a George W. Bush cuando organizó la “contracumbre” de Mar del Plata con Chávez, Evo Morales, Maradona y D’Elía, pero ofendió a la institución presidencial norteamericana; usted, señora, hubiera debido aprender aquella lección y, sin embargo, envió al “hijo de Jacobo” a cortar precintos en un avión militar de los Estados Unidos. Debo, en cambio, felicitarla por la forma en que pasó la pelota del fiasco del memorándum firmado con Irán, que usted impuso con fórceps en su momento; su fracaso torna aún más inexplicable tanta insistencia.

Diciendo que no apoyaba a Maduro ni a su gobierno, pidió respetar la democracia en toda América, “región de paz”. Nuevamente olvidó usted, tal vez porque está poniendo las barbas en remojo, que una cosa es la democracia delegativa, en la que quien gana se lleva todo, y la representativa, en la cual la legitimidad no pasa sólo por el origen (el voto) sino que exige que el poder sea ejercido con respeto a las instituciones y a las minorías.

Para terminar, una sola pregunta más. Señora, ¿recuerda aquel foro empresario en que su fallecido marido recomendó a los extranjeros “miren lo que hago, no lo que digo”?; pues bien, le cuento que su propuesta ya debería ser la inversa, pues del proyecto –si es que existió- de Kirchner nada ha dejado usted en pie, salvo la vocación irrefrenable y compartida por apropiarse de fondos y bienes públicos.

Bs.As., 3 Mar 14
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Aprovechar el "mientras tanto" - Por Alberto Medina Méndez




El debate político que plantean los regímenes populistas, empujan hacia una discusión en la que todo pasa por la coyuntura y así la disputa solo tiene que ver con la dinámica de la política partidaria, las ambiciones personales para obtener cargos y la distribución de los espacios de poder.

A esta altura de los acontecimientos ya quedaron al desnudo las inconsistencias de ese modelo que pretende sostenerse en el tiempo, pero que pese a las inmensas condiciones favorables que le propone el contexto, derrapa dilapidando oportunidades inmejorables y destruyendo todo a su paso.

Son tiempos de bonanza económica para la región, épocas más que favorables para crecer sin limitaciones y lograr el ansiado desarrollo, para sacar de la pobreza a cientos de miles de ciudadanos, sin embargo la demagogia local se ha ocupado en forma permanente solo de enriquecerse ilícitamente, burlarse de la sociedad mientras construía un sistema indigno que solo avergüenza.

El corto plazo por ahora solo entretiene y hace que el tiempo invertido y las escasas energías se orienten hacia estériles esfuerzos. De ese modo, la sociedad toda discute en esa dirección y con ese ritmo la infame agenda que impone el gobierno. El final de esta etapa histórica es absolutamente predecible. Solo se espera conocer el instante exacto del desenlace y las características especiales del momento en el que la realidad se haga evidente y termine definitivamente con esta farsa.

El oficialismo hoy hace de las suyas y recorre el sendero de su plan tal cual fue perpetrado. De tanto en tanto modifica unos centímetros el trayecto, pero continúa invariablemente en la misma dirección. Atiende exclusivamente lo que aparece en la superficie para luego proseguir con el siguiente escalón hacia el nuevo objetivo que se ha trazado.

Lo inaceptable es que la sociedad juegue ese juego con tanta candidez y con la misma ingenuidad de siempre. Lo inteligente y hasta lo necesario es empezar a discutir las ideas y construir los instrumentos que serán un requisito para salir lo más rápidamente posible de este dislate.

Los ciudadanos creen saber lo que pretenden como resultado final. Lo sabe la gente y también los dirigentes políticos opositores, pero es justo decir que nadie ha empezado a discutir adecuadamente el como, el modo, los pasos uno por uno. Es necesario recuperar las instituciones de la república, desarmar el aparato clientelar que se ha ido edificando durante décadas, resulta imprescindible reconstruir la cultura del trabajo pero también es vital destruir la corrupción estructural y encarcelar a los funcionarios que se han abusado de la confianza del electorado. Son infinitas las asignaturas pendientes. Pero cabe reconocer que la discusión acerca de cómo recorrer el anhelado camino virtuoso está aún en pañales.

No alcanza con tener un norte más o menos establecido, de hecho en la inmensa mayoría de los asuntos solo se dispone de borrosas definiciones, difusos propósitos y hasta ambiguas probables soluciones. El día que concluya esta pesadilla política, nada se resolverá solo porque los perversos demagogos de siempre se retiren del escenario político. Para que el itinerario se modifique, es necesario que una generación de políticos serios, comprometidos y capaces hagan los deberes. Y la verdad es que por ahora no se están haciendo.

Hacerle frente a la demagogia, resistirse heroicamente es necesario pero no suficiente. Ya no vale la pena seguir insistiendo en algo que inexorablemente ocurrirá más tarde o más temprano. Esta desgastada forma de hacer las cosas tiene fecha segura de expiración.

Ahora es el tiempo de que un sector de la sociedad pero también de la política se ocupen de diseñar la hoja de ruta que explique minuciosamente el como salir de este engendro que ha fabricado irresponsablemente una dirigencia sin escrúpulos. Parece fácil pero no lo es. Cuando el régimen sea historia no solo dejará malos recuerdos y múltiples enseñanzas acerca de cómo no se deben hacer las cosas, sino también un abultado legado de instituciones, normas, regulaciones y personajes ocultos que durante algún tiempo más seguirán melancólicamente haciendo daño para impedir y dilatar los tiempos del cambio profundo.

Se debe hacer un esfuerzo importante en diseñar "los cómos". Los intelectuales, los pensadores, los técnicos, los que saben de cada tema, tienen una responsabilidad enorme de dar el debate faltante, de brindarle contenido a la política para poder delinear pormenorizadamente los pasos para salir de este laberinto tramposo.

El desafío es gigantesco. Lo es para la política que lamentablemente no está haciendo su trabajo, pero también para la sociedad que tiene que involucrarse para exigir con firmeza a quienes pretendan ser la alternativa al presente, que no sean solo un matiz, una variante a más de lo mismo y ofrezcan verdaderas soluciones a los profundos problemas que se heredarán de esta indigna parte de la historia.

El próximo turno electoral está a la vuelta de la esquina, demasiado cerca. Pero la política no se debe agotar en la disputa por el poder y el intento por acceder a él. Al menos no toda la estrategia puede pasar por ganar una elección. El que triunfe y consiga destronar a los poderosos de hoy, tendrá la colosal tarea de cambiar el rumbo, pero no lo logrará solo con voluntad y un discurso amigable, sino con un proyecto serio, consistente y con ideas claras. En esta transición el reto es no dejar pasar el tiempo en vano, sin más. Se trata entonces de aprovechar el "mientras tanto".

FUENTE: INFOBAE
http://opinion.infobae.com/alberto-medina-mendez/2014/03/02/aprovechar-el-mientras-tanto/

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com

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Lo tengo que contar (otra vez) - Ceuta y Melilla



Por L.Silva 18 feb. 2014 19:56
Enviado por Paco.

Leo en estos días muchas cosas sobre la Guardia Civil y su trato a los inmigrantes que intentan entrar en España. No quiero entrar en un debate en el que no soy neutral y puede acusárseme de falta de objetividad. Baste decir que lo de la otra noche en Ceuta tiene toda la pinta de que algo se fue de control, aunque atribuir las responsabilidades no es fácil y duele la ligereza, cuando no la saña, con que personas que jamás se han preocupado de lo que pasa en Ceuta y Melilla (o en el Estrecho) acuden a hacer sangre de lo que como mucho puede considerarse un trágico error. A menos que alguien haya consumido sustancias lo bastante potentes como para creer que los guardias civiles que vigilaban esa valla esa noche, porque así se lo mandamos (o se lo manda el gobierno que los españoles nos hemos dado, que viene a ser lo mismo, a sus efectos), deseaban matar subsaharianos.

En estos días me he acordado mucho de un reportaje que escribí hace diez años, sobre los guardias que vigilan el Estrecho y que una y otra vez se ven en el brete de tener que arrancar a los inmigrantes de las fauces del mar. Estuve embarcado con ellos, vi las condiciones en que hacían su trabajo, y el talante con que se lo tomaban. Tan distante, doy fe, de lo que se escucha en estos días. Estuve con ellos en el centro de acogida de la isla de las Palomas, en Tarifa, donde pude conversar con un grupo de inmigrantes que acababan de cruzar en patera y a los que los guardias habían conducido a puerto. Los hombres estaban eufóricos. La media docena de mujeres, en cambio, tenían cara de funeral. Los hombres habían entrado en Europa, el paraíso prometido por las mafias. Las mujeres, en cambio, habían pasado la verja del infierno donde, manejadas por esas mismas mafias, les aguardaba, en cuanto salieran del centro, la dura vida de la esclava sexual.

Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El hecho es que me he puesto a bucear en el ordenador y he recuperado los testimonios de aquellos guardias, que en su día publicó El Semanal. Y me ha parecido que debía reproducir un par de ellos. Para que haya otras realidades sobre la mesa, y para ver si alguno encuentra motivos para ser más prudente.

Aquí están. Los copio tal cual salieron entonces. Lo que dicen lo comprobé y contrasté sobre el terreno, y puedo asegurar que ni exageraban ni alardeaban de nada que no hubieran hecho.

Sebastián. Guardia. Tarifa.

Natural de Tarifa, destinado en el Estrecho desde 1990. Desde febrero de 2003 es el encargado del centro de acogida de Las Palomas. Él se ocupa de que los inmigrantes tengan comida caliente, agua, ropa seca. A él se debe que las paredes estén impecablemente pintadas, y que los alojamientos de menores y de madres con niños pequeños (separados del resto), luzcan un alegre color azul. En el de los bebés no faltan adornos y juguetes. Se presentó voluntario para el puesto, y aunque echa de menos la calle, se siente contento porque está en un lugar en el que puede ayudar. “La labor que hago aquí es más de ONG que de policía, pero con esto la Guardia Civil gana mucho”, declara, satisfecho. Antes de ir a Las Palomas, estuvo en las playas. Ha sacado muertos del agua, y también vivos: “Una vez me tocó pasarme un buen rato agarrado a una roca con un marroquí que llevaba allí tres horas y no quería despegarse de ella. Así que tuve que aguantar con la espalda los golpes de mar, para evitárselos a él, hasta que vinieron a recogernos.” Pero a renglón seguido, añade: “Es bonito sentir el contacto con ellos, abrigarlos cuando tienen frío, mirar a los subsaharianos a esos ojos tan grandes que tienen, y que no dejan de emocionarte por muchas veces que los hayas visto.” Ha abierto un cuaderno en el que pide a los que pasan por Las Palomas que escriban su historia. Allí se lee el testimonio de gente que dice venir de Liberia, Guinea Conakry, Nigeria, Sierra Leona, Sudán. Casi todos escriben en inglés, idioma que Sebastián no entiende, pero encuentra quien se lo lea, y refiere con orgullo que algunos de ellos son muy cultos, universitarios, y que muchos acaban con la frase “God bless you” (“Dios le bendiga”) dirigida a él. Dice que también intenta que los marroquíes escriban algo, pero que hasta ahora no lo ha conseguido. En la primera página del cuaderno se lee, de puño y letra del guardia: “La Verdad de ellos mismos, escrita por sus manos de inmigrante. Que Dios-Alá los bendiga en su viaje y que sus sueños se realicen.”

Segundo. Sargento primero. Servicio Marítimo.

Natural de Ciudad Real, en el Servicio desde que se montó, en 1992. Otro marinero de tierra adentro, pero con muchas millas náuticas a las espaldas. Al timón de la Río Pisuerga, en medio de la noche, guiándose con los ‘ojos’ de la nave (las dos pantallas de radar, una a cada lado, y la de la cámara térmica, que convierte la oscuridad en luz), es la viva imagen de la circunspección. Los ha visto cruzar el Estrecho de todas las formas concebibles, y de alguna inconcebible: en patera, en hidropedal, agarrados a tablas de corcho y dando aletas (José Manuel, uno de sus marineros, apunta zumbón que a esos él les habría dado la nacionalidad “y al equipo de ciclismo”). Pero también cuenta historias que no tuvieron maldita la gracia. Como la vez que el ‘patero’ rajó la zodiac y se les ahogaron 12, o cuando otro, en una patera de las de antes (las auténticas, de las que las neumáticas de ahora tomaron el nombre) volcó la barca y murieron 18. “Ahora es verano y hace buen tiempo”, explica, “pero hay que estar ahí cuando la mar está jodida, cuando hace frío, y controlar a toda esa gente que encima no sabe nadar; sobre todo, evitar que cunda el pánico”. Hay que tener determinación, porque aquí no se puede, razona, andar con los aspavientos de los que ven el asunto desde la barrera. Lo dice con la legitimidad que le da haberse aventurado alguna vez para sacar a gente en aguas donde los de Salvamento Marítimo, con barcos de menor calado, se negaban a entrar, o haber llegado a cargar 72 inmigrantes en el Egeo, una de las patrulleras pequeñas, y haber arribado a puerto con el barco medio escorado y exponiéndose a irse a pique. “Una barbaridad, pero hay que decidir dónde tienen más posibilidades, en el agua o en una patera medio inundada o contigo”. Más de una vez, según cuenta, ha agotado los sudarios que llevaba a bordo. Quizá por eso, aunque bromea como los demás (“si no nos reímos de vez en cuando, qué vamos a hacer”), en el fondo de su mirada hay siempre un resto de seriedad y prevención.

Ahí están. Para tener la historia completa.
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Llora por mí, Argentina - Por Roger Cohen en NYT


New York Times: “Argentina está en proceso de convertirse en Venezuela”

Atacando con duras palabras al peronismo, al que considera "un quijotesco brebaje político", Roger Cohen, uno de los periodistas más veteranos del Times, escribió una columna titulada "Llora por mí, Argentina".

Durante las últimas semanas, distintos periódicos extranjeros de renombre cuestionaron desde sus páginas la actual situación económica de Argentina.

Esta vez, el prestigioso diario norteamericano The New York Times, considerado el medio más influyente del mundo, publicó en sus páginas editoriales una durísima columna sobre la Argentina, advirtiendo que “está en proceso de convertirse en Venezuela” y responsabilizando de su supuesto declive a los gobiernos peronistas.

Atacando con duras palabras al peronismo, al que considera “un quijotesco brebaje político”, Roger Cohen, uno de los periodistas más veteranos del Times y especialista en política internacional, escribió una columna titulada “Llora por mí, Argentina”.

Allí, describe a Argentina como “un caso perverso” que “todavía está narcotizado por ese quijotesco brebaje político llamado peronismo”.

Roger Cohen asegura que la Argentina es “demasiado rica para su propio bien” y hace “todo lo posible” para desterrar la esperanza de sus habitantes.

A continuación, el texto completo:
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Una ocurrencia que recorre los pasillos de la Sudámerica post-boom de los commodities dice que Brasil está en proceso de convertirse en Argentina, Argentina está en proceso de convertirse en Venezuela, y Venezuela está en proceso de convertirse en Zimbabwe. Eso es un poco duro para Brasil y Venezuela.

Argentina, sin embargo, es un caso perverso en sí mismo. Se trata de una nación todavía narcotizada por ese quijotesco brebaje político llamado peronismo; involucrada en una guerra total contra los datos económicos fiables; jugueteando con su tipo de cambio multinivel; excluida de los mercados de capitales globales; pisoteando los derechos de propiedad cuando lo desea; obsesionada con una perdida pequeña guerra en las Malvinas hace más de tres décadas, y convencida de que la causa de todo este fracaso recae en los poderes especulativos que buscan forzar a una nación orgullosa -en palabras de su líder- “para volver a comer sopa de nuevo, pero esta vez con un tenedor ” .

Hace un siglo, Argentina era más rica que Suecia, Francia, Austria e Italia. Era mucho más rica que Japón. Despreciaba al pobre Brasil como inferior. Vasta y vacía, con el suelo más rico del mundo en la Pampa, le pareció a los inmigrantes europeos que la inundaron que contaba con todo el potencial de los Estados Unidos (el ingreso per cápita es ahora un tercio o menos del norteamericano). Ellos no sabían que un coronel llamado Juan Domingo Perón y su esposa Eva ( “Evita” ) daría forma al “ethos” de un poder delirante.

“Argentina es un caso único de un país que ha completado la transición hacia el subdesarrollo”, dijo Javier Corrales, politólogo de la Universidad de Amherst .

En términos psicológicos -y Buenos Aires está lleno de gente en sillones derramando su angustia a los psicoterapeutas- Argentina es, entre las naciones, el niño que nunca creció. La responsabilidad no era lo suyo. ¿Por qué debería serlo? Había tanto para ser saqueado, tantas riquezas en grano y ganado, que las instituciones sólidas y el imperio de la ley -por no hablar de un sistema de impuestos que funcionara – parecía una pérdida de tiempo.

Los inmigrantes llegaron a la Argentina con pasaportes extranjeros en lugar de ser absorbidos por el país como sucede en Brasil o Estados Unidos. Argentina estaba muy lejos en la parte inferior del mundo, una masa de tierra fértil lo suficientemente distante de los centros de poder para vivir sus propias fantasías periféricas o ahogar su pena en la que es probablemente la danza más triste (e hipnótica) del mundo. Luego, para dar expresión a su singularidad , Argentina inventó su propia filosofía política: una extraña mezcolanza de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, conservadurismo, progresismo, militarismo , erotismo, fantasía, musical, desconsuelo, irresponsabilidad y represión. El nombre que se lo dio a todo esto fue peronismo . Ha resultado imposible de hacerlo cambiar.

Perón, el militar que descubrió el beneficio político que podría derivar de la creación de vínculos con los desposeídos de América Latina y la distribución de dinero en efectivo (una lección absorbida por Hugo Chávez), fue depuesto en el primero de los cuatro golpes de la posguerra. La Argentina que cubrí en la década de 1980 estaba emergiendo del trauma del régimen militar. Si tengo una sola imagen emblemática del continente, es de los sollozos incontrolables de las mujeres argentinas aferradas a las fotografías de los niños que habían sido arrebatados por los militates para un ” breve interrogatorio “, sólo para desaparecer . Las Juntas militares de la región convirtieron “desaparecer ” en un verbo transitivo. Es lo que hicieron con los que consideraban enemigos – 30.000 de ellos en Argentina .

Desde 1983, Argentina ha cesado su latigazo cívico-militar, juzgó a algunos de los autores de crímenes contra los derechos humanos y ha gobernado democráticamente. Pero la mayor parte de ese tiempo ha sido dirigido por los peronistas, más recientemente por Néstor Kirchner y su viuda, Cristina Fernández de Kirchner (reminiscente de la viuda de Perón, Isabel) , que han vuelto a descubrir la redistribución después de un aluvión peronista neoliberal en la década de 1990. El latigazo económico está vivo y en buena forma, al igual que el gasto imprudente en los buenos tiempos y las medidas fuera de la ley en los malos. También en saludable forma las evocaciones cursis de Perón y Evita e Isabel: En la tierra como en los cielos .

LLora por mí, mi nombre es Argentina y soy demasiado rica para mi propio bien.

Hace veinticinco años, me fui de un país de hiperinflación ( 5.000 por ciento en 1989 ), fuga de capitales, inestabilidad monetaria, intervencionismo estatal de mano dura, disminución de las reservas, la industria no competitiva, fuerte dependencia de las exportaciones de materias primas, algo que reaviva fantasías peronistas y un complejo de sentirse en el fondo del mundo. Hoy la inflación es alta y no híper. Fuera de eso, no mucho ha cambiado.

Cuando arribé a Ushuaia,en el extremo sur de Argentina, lo primero que vi fue un cartel diciendo que las islas ” Malvinas” estaban bajo la ocupación ilegal por parte del Reino Unido desde 1833. Lo segundo fue un cartel diciendo que Irlanda se encontraba a 13.199 kilometros de distancia (sin mención de Gran Bretaña ). Lo tercero fue un paquete de galletas “hecho en Ushuaia, el fin del mundo”. La cuarta era una calculadora de bolsillo utilizado por un comerciante para averiguar las tasas dolar-peso.

La esperanza es difícil de desterrar del corazón del hombre, pero tiene que ser dicho que Argentina hace todo lo posible para hacerlo.
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