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Hasta la victoria …, nunca - Por Enrique Guillermo Avogadro





“Lo que yo cuento en el periódico no son chistes. Yo lo único que hago es observar al gobierno e informar los hechos” Will Rogers
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La semana estuvo signada, por tres temas: el narcotráfico, la huelga docente, y la forma rápida y astuta en que Kolynos Massa salió a cruzar el anteproyecto de Código Penal que la Presidente anunció que enviaría al Congreso. Tuvo razón en hacerlo aún antes del ingreso del nuevo texto al parlamento ya que, una vez allí, la conformación de las cámaras permitirá al Gobierno aprobar cualquier disparate.

Con ello, alteró la agenda del Gobierno y levantó una polvareda que aún empaña el horizonte. Aún cuando las firmas que obtenga sean muchas, no resultará vinculante (obligatorio), pero pesará como muestra de la opinión generalizada. Pese a que estoy de acuerdo con el Diputado en su planteo, sobre todo por la inoportunidad de la discusión de un tema tan grave, creo que se ha transformado en una cortina de humo tras la cual el kirchnerismo logrará discutir, sin demasiadas estridencias, el proyecto de Código Civil y Comercial que ya tiene media sanción en Senadores.

A contramano de la sensación popular, motivada por el crecimiento notorio de la inseguridad y el narcotráfico, el cambio que se propone a través de esos códigos me parece aún más grave que el primero. En ellos los argentinos tendremos un nuevo ordenamiento vinculado a toda nuestra vida: en el digesto civil se regulan todas las relaciones de los ciudadanos entre sí, desde su nacimiento hasta la muerte y, por ello, debiera ser motivo de una discusión más amplia y, sobre todo, alejada de la politiquería y de la coyuntura; un gobierno que deberá dejar el poder a corto plazo y que, además, se propone cubrir con un manto de impunidad a sus funcionarios corruptos, sin duda alguna no es el más apto para encarar tantas modificaciones de fondo y, menos aún, cuando cuenta con inmundas mayorías que se cierran ante cualquier debate que implique el riesgo de cambiar una coma de los proyectos que envía el Ejecutivo y se apresuran a levantar la mano para aprobarlos por obediencia debida. Por eso, insto a mis conciudadanos a mostrarse diligentes y activos, y exigir a sus representantes abstenerse de votar favorablemente ambos temas.

Como siempre –Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires- el asesinato de un narcotraficante por sicarios en los bosques de Palermo consiguió dar la visibilidad que merece al problema del narcotráfico y, sobre todo, del narcolavado, por la enorme vinculación que tiene éste con la corrupción gubernamental, política y policial. Si recordamos que la propia campaña presidencial de doña Cristina fue financiada por los laboratorios responsables de la exportación de efedrina a México, o los esfuerzos que los funcionarios realizan diariamente para facilitar su comercio –falta de radarización y vigilancia de fronteras y rutas, incontrolada inmigración y, sobre todo, blanqueo oficial e impune de sus dineros- deberemos coincidir en que resulta indispensable, como arma prioritaria en esta lucha, la transparencia total de financiación de la política; las enormes sumas que genera la actividad permiten la compra de las voluntades más gravitantes en cada país, como ya lo mostraron, tristemente, Colombia y México.

La negativa del Gobierno a dar al problema su verdadera dimensión, pese a que donde más se ha expandido el consumo es en las capas más empobrecidas de la población, indica claramente en que bando de este combate se han colocado sus más importantes funcionarios. Si no reaccionamos ya mismo, si no acordamos sinceras políticas de estado para evitar su expansión, en poco tiempo más los dos centenares de muertos que ya enlutan Rosario se convertirán en miles en todo el país, ya será tarde y Argentina habrá perdido esta guerra.

Si, como ya es oficial, el gasto público creció en enero nada menos que 44%, generando un déficit fiscal que sólo los manotazos a la ANSES han podido paliar, la intención de llegar hasta el 2015 sin excesivas turbulencias tiene la pólvora mojada. Tal como era de prever, las medidas coyunturales y aisladas dispuestas por el Banco Central con relación al mercado cambiario han tenido un éxito que, sin un plan antiinflacionario claro, concreto y, sobre todo, confiable, no podrá extenderse por mucho tiempo. En especial, por la monstruosa suba de precios registrada en el mes de febrero, que algunos autorizados analistas ubicaron en algo más del 6%; resta saber qué hará el INDEC para evitar convalidar esa información.

De todas maneras, y como se esperaba, la huelga de los docentes, que promete agravarse, habla muy a las claras de cuánto entienden las bases sindicales que se deterioraron sus salarios, y cuánto se reducirá su poder adquisitivo este año que, a los efectos, recién empieza. Lo notable, si se quiere, es que quienes han encabezado la protesta son los gremios más kirchneristas; la mayor prueba de ello es que, sólo para impedir que Macri se desmarcara del conflicto, los “trabajadores de la educación” fueron al paro ¡después! de consensuar con la ciudad de Buenos Aires la pauta de remuneraciones.

Creo que sólo las alarmas rojas que se encendieron en todos los tableros en enero y febrero –fuga de reservas, devaluación, salto inflacionario convalidado, aumento de tasas, conflictividad social- y la sensación de la inminencia del choque planetario, es lo que hace que algunos analistas muestren hoy un exagerado optimismo respecto a los resultados terapéuticos del giro copernicano realizado por el Gobierno. Mi sensación es que, a pesar de la orden a los bancos de liquidar divisas y los adelantos de las cerealeras, no obtendrá una mejora de la economía más allá de julio; después, Dios dirá, y no será nada bueno. En especial, por la importante contracción (“estanflación”) que nos afectará este mismo año.

La grave crisis en la situación de Ucrania, de no encontrar una rápida solución no militar, repercutirá con fuerza en la suba de los precios de los combustibles, y la profunda dependencia que hoy tenemos del gas y del petróleo importados complicará aún más el panorama económico. Si en 2013 tuvimos que gastar casi US$ 14.000 millones en pagar esos indispensables energéticos, la factura podría entonces subir a la estratósfera y el escaso nivel de reservas con que contamos no transformarán el hecho en una buena noticia, en especial porque se deben pagar al contado y en efectivo.

Por otra parte, el ya injustificable apoyo del Gobierno al tiránico Pajarito Chiquitico, no ha hecho más que desnudar la falsa política de derechos humanos de doña Cristina. Pero lo más asombroso fue la misa en honor del fallecido Papagayo Caribeño a la asistió la Presidente el miércoles, en especial porque contrastó con su notoria ausencia a las que se celebran por las víctimas del crimen de Once, del cual su gobierno es responsable directo por haberse robado los dineros que hubieran podido evitarlo.

Un renacido ex Twitterman se ocupó, esta semana, y después de recular en chancletas por el memorándum con Irán, otra vez nos pone en la picota mundial con la errática política internacional. Mientras el Chiquito pero Rendidor Kiciloff y el Mago Galucchio hacen malabares para tratar de mejorar la imagen de la Argentina y la percepción de un clima de negocios razonable (condiciones esenciales para un más que dudoso desembarco de inversiones extranjeras), y muchas provincias cierran acuerdos con los Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico, nuestro Canciller, recordado por su tenaza en Ezeiza, dedica altisonantes agravios a ese país y el Jefe de Gabinete niega el problema y ratifica que no se controlará la inmigración. Si no hubiéramos inventado el blanqueo más injustificado y generoso para los corruptos y los lavadores de dinero, tal vez las posturas de éstos hubieran parecido más serias, pero lo único que han conseguido es ratificar el ridículo papel que la Presidente obliga a desempeñar a sus ministros.

A este paso, debe faltar poco para que los aplaudidores ofrezcan a doña Cristina mediar entre Moscú y Kiev o entre La Habana y Táchira. Tal vez desde ese rol, nuestra gentil Presidente pueda intentar digerir el nuevo sapo que ha pasado a integrar su dieta: la nominación de SS Francisco como candidato al Nobel de la Paz. Ahora que se ha anunciado que doña Cristina, camino a la Feria del Libro de París, también haría una escala en el Vaticano, habrá que observar qué consecuencias tendrá la entrevista privada que allí mantendrá con un Bergoglio muy, muy preocupado por la situación en la Argentina.

Voy a encender una luz de esperanza para mis conciudadanos que aspiran a que el kirchnerismo desaparezca de la faz de la tierra. Es posible que, de cara a las próximas elecciones, cuando quiera que se produzcan, se consoliden dos frentes: el primero sería una alianza entre Cobos, Aguad y Macri; el segundo, entre Massa, Reutemann y Eduardo Bussi, el actual Presidente de la Federación Agraria; resulta claro que saldrán de ambos fórmulas lo suficientemente potentes para confirman la exclusión del candidato del Frente para la ¿Qué? de un ballotage. ¡Espero que Dios bendiga tamaño signo de madurez política!

Bs.As., 9 Mar 14
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Diccionario de términos inútiles (II parte)


POR MARCELO A. MORENO
(Enviado por Paco desde Madrid)

09/03/14

Segundas partes -contra el lugar común- pueden ser bastante buenas, sobre todo cuando quien escribe cuenta, como es el caso, con el auxilio de los lectores. Aquí va entonces, una nueva lista de palabras -que expresan conceptos- alcanzadas por la implacable polilla que yacen en nuestra sociedad convertidas en ruinas. Estas líneas, que a los más jóvenes les pueden parecer un auténtico viejazo, pueden servir para medir el grado de velocidad con que ciertas ideas -e ideales-se deterioran.

Concordia. Significa unión y conformidad, según el Diccionario de la Real Academia. Pero también implica un convenio entre personas que litigan. Y más aún: su etimología la relaciona con corazón, por lo cual alude a una convivencia entre rivales -políticos, económicos, deportivos- que incluye cierto respeto y afecto entre aquellos que se reconocen adversarios sin por ello considerarse enemigos. A pesar de que una importante ciudad del país se denomina así, hace al menos más de una década que este concepto no quiere decir nada en la Argentina.

Espiritual. Cuando se refiere a una persona, habla de alguien “muy sensible y poco interesada por lo material”, es decir, un personaje extremadamente difícil de encontrar en una sociedad global que ha convertido en realidad la profecía de Marx respecto de la mercancía devenida en fetiche. Hoy en día el concepto está confinado en su significación religiosa y eso que alguna vez se llamó “la vida del espíritu”, que no incluía una creencia necesariamente, es un enigma para contemporáneos.

Honestidad. Esta cualidad remite a términos tales como “decente, justo, probo, recto, honrado”, valores todos en franquísima decadencia en tiempos en que el pragmatismo reina sin temores de mostrarse cínico. Concretamente: hoy para el argentino promedio ocupar un puesto de poder -especialmente si es público- y conservar una conducta honesta equivale a ser un pelotudo.

Honor. No hace tanto -¿uno, dos siglos?- había bastante gente dispuesta a jugarse la vida por su honor, el de su mujer o el de su familia. Pero la propia definición del diccionario como sentido “moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo” destila olor a naftalina. La idea, asociada a la de dignidad, habita con ella los zócalos de la sociedad actual. Quizá no sea necesario recurrir al brillante “El crepúsculo del deber”, de Gilles Lipovetsky para entender lo que Enrique Santos Discépolo escribió en dos versos: “La honradez la venden al contado / y a la moral la dan por moneditas”. Cuando se oye que va a sesionar el Honorable Senado de la Nación -¡y con Boudou presidiéndolo!-, por ejemplo, el adjetivo mueve al humor. Negro, por cierto.

Integridad. El filósofo Martin Buber resume el Antiguo Testamento en una orden que imparte Jehová: “Marcha delante de mí y sé íntegro”. Es decir, que se muestre, que no se oculte y que sea de una sola pieza, sin dobleces ni engaños. Como define el diccionario, una persona “recta, proba, intachable”. Que no se aparte de sus principios. Todo ello, una venerable antigualla en el reino hiperconsumista de la publicidad, en la que falsear las cosas no es más que una cotidiana, machacona y agobiante estrategia de marketing.

Patria .

En nuestro caso, al menos, es muy distinta como idea a la de Argentina. Argentina (sin el “La”, que designa tácitamente a la República) está vigente hasta (¿o sobre todo?) como cántico futbolero. En cambio, Patria es otra cosa. Es mucho más abarcativo, más alto como concepto e infinitamente más amplio. Se muere por la Patria. Se sirve a la Patria. Se presta un servicio o se le hace un sacrificio a la Patria. San Martín y Bolívar se referían a la “Patria Grande” para denominar a Latinoamérica toda. Quizá por todo eso es una palabra en desuso, propia de héroes y de acciones heroicas, todo ello amontonado en el arcón de los recuerdos viejos, en un tiempo pretérito de un pasado imperfecto.

Pudor. En una época en la que la verdad se confunde con el desnudo, en que el exhibicionismo no es un defecto sino una virtud, en que la celebridad resulta mucho más importante que la vergüenza y en los que se ha borrado toda diferencia entre lo público y lo privado, todo dentro de una cultura de la imagen que nos regala en detalle los pezones de cada una de las figuras del espectáculo global, ¿qué sentido tiene la intimidad? ¿Y qué sentido el resguardarla? Para profundizar el tema, consultar las obras completas de Wanda Nara.

Pero a las palabras, dicen, se las lleva el viento: el viento y el tiempo también.
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Montserrat Caballé: una voz contra la mediocridad


¡Bravo, doña Montserrat!!, estas son las voces que callan a los mediocres.

EN ESPAÑA HAY MUCHAS BANDERAS PERO LA MÍA ES LA ESPAÑOLA

Montserrat Caballé se emociona al hablar contra la independencia: "Necesito decir esto: soy de Naciones Unidas desde el 88 y nos han enseñado la convivencia. Los pueblos del mundo tenemos que estar unidos. No podemos hacer cadenas, las cadenas son para la esclavitud. Las cadenas humanas son para separar. Las cadenas pueden ser de hierro, de oro, de plata, pero tienen que ser buenas cadenas. No tienen que ser cadenas que separan y humillan". En este sentido señaló que "se ha dicho que ha habido un millón y medio de personas en la cadena, ¿dónde estaban los siete millones restantes?".

La soprano también explicó que "en una cena muy importante en la Generalitat, estábamos cenando con el presidente Pujol y su esposa y el 'ministro' de Cultura (Conseller de Cultura)-y no es que yo le odie- me dijo que yo era una catalana universal pero que mi único defecto era haberme casado con un extranjero. Me resultó patético. Me levanté de la mesa para irme, pero Marta Ferrusola me levantó de la mano y me dijo 'siéntate, hay gente que no sabe lo que dice'".

"Cuando tienes la suerte de viajar por todo el mundo, como me ha pasado a mi, y conoces tantos pueblos y tanta gente diferente te das cuenta que las hostilidades no funcionan", opinó, además de indicar que "he sido una embajadora de España como todos los cantantes. Y como me enseñaron en Naciones Unidas, por la unión de las gentes y de los pueblos. Quien pone cadenas me hace daño, extirpa a todo el resto, lo manda fuera".

"Estoy muy feliz de haber nacido en Barcelona, de haberme casado con un aragonés, de que mi madre era de Valencia y que mis hijos hayan estudiado en España", sentenció. Tras estas palabras, y recibir una ovación, Montserrat Caballé tuvo que secarse las lágrimas de los ojos.

Montserrat, te has ganado a tus compatriotas " Viva ESPAÑA".

(Enviado por Paco desde Madrid).
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Vendiendo Buzones en Carnaval - Por Enrique Guillermo Avogadro


“Con la verda´ no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta”. 
Roberto Fontanarrosa

Señora Presidente, debo decir que, una vez más, el sábado me hizo recuperar la capacidad de asombro, ésa que mantiene jóvenes a los mayores, con su estilo tan mesurado y exento de las habituales diatribas contra sus imaginarios enemigos, un modo que tanto ha crispado a la sociedad en que usted y yo vivimos; tampoco nos deleitó con esos espectáculos de danza que tanto le gustan y practica y que, a veces, han llegado a incluir el Himno.

Sólo una pequeña corrección institucional: al decir, refiriéndose tantas veces a mayo de 2003 como “cuando llegamos”, demostró que considera a la Presidencia de la República como bien ganancial; ignoro si algo así incluía la reforma constitucional que sus aplaudidores propugnaban pero, en cualquier caso, le recuerdo que no fue aprobada.

En cuanto al fondo sí, fue más de lo mismo, ya que nos informó que estamos en el país más maravilloso del mundo, envidia de muchos otros, desplegando durante tres horas un muestrario completo de las cifras que todos, la realidad incluida, nos negamos a ver. Ya no se puede engañar, como se hizo desde entonces, a todo un pueblo, ya que ese país fantástico no es percibido tampoco por la mayor parte de su base electoral, que la reeligió con un ya imposible 54%; pese a que usted no se resignó a mencionar los problemas, la gente cree más en lo que le dice el carrito del supermercado y está mucho más que preocupada por el innegable crecimiento de la brutal inseguridad y el narcotráfico, y de todo ello hace responsable a su gobierno.

En un país que, según usted, produce alimentos para cuatrocientos millones de personas, surgen dos inevitables preguntas, la primera de los cuales clama al Cielo: ¿por qué, entonces, sigue habiendo hambre y desnutrición en la Argentina? y ¿por qué se prohíben las exportaciones de carne y trigo?

Si bien es cierto que siguió inculpando a los industriales (nunca al Gobierno) por los aumentos de precios percibí, en general, su discurso como un pedido de ayuda a los gremialistas, en general, y a los docentes en particular; resta saber si las bases estarán dispuestas a callar cuando sus dirigentes acepten caídas en el salario real a cambio de algunas monedas (por ejemplo, fondos para las obras sociales) o, por el contrario, marcharán con la cabeza de éstos a exigir algo que la economía ya no puede darles.

Por el contrario, usted, en medio de la profusa enumeración de fabulosos logros que sólo existen en su afiebrada imaginación, realizó anuncios que, de concretarse, implicarían un crecimiento del gasto público que, una vez más, empujará a la inflación, que ya parece ser un globo de gas. Mientras la escuchaba, señora Presidente, y la veía para no perderme sus mohines, no podía dejar de pensar en que, durante estos once años, el kirchnerismo recaudó casi un billón (un millón de millones) de dólares.

Cuando mencionó las teóricas inversiones en infraestructura, por ejemplo, recordé algunas de las rutas tan deterioradas que utilizo, los puentes y puertos faltantes, los teléfonos celulares que no funcionan, los cortes de luz cuando hace calor y los de gas cuando hace frío, los ferrocarriles cuyas mejoras prometió por enésima vez, las centrales nucleares que aún no existen, los hospitales que se caen a pedazos y carecen de los insumos más elementales, las imaginadas extensiones de las redes de gas que aún obligan a los más pobres a comprar garrafas, la falta de redes cloacales y tantas otras inexplicables carencias de una población cuyo gobierno ha manejado tantos fondos. Señora, ¿dónde fueron a parar esos dineros?

Habló usted de la modernización de la flota de Aerolíneas Argentinas y en la conectividad aérea de las provincias; pero olvidó decir que la empresa le cuesta al país casi tres millones de dólares diarios, sólo para que viajen los más ricos y cobren sus magníficos sueldos los “jóvenes para la liberación” de La Cámpora.

Gracias a Dios omitió contarnos su versión de los goles secuestrados pero donde su “relato” se hizo más expresivo fue cuando describió, con muchas lagunas, su propia historia en el affaire YPF-Repsol. El miércoles pasado, previendo que esta columna debería referirse a lo que diría el sábado en el Congreso, escribí una nota sobre el tema, “Sinfonía para Saqueo a Muchas Manos” (http://tinyurl.com/mrfqltg), que llena algunos de los detalles que usted olvidó.

Tal vez lo más curioso de su pieza oratoria fue el reclamo al Congreso de una legislación que impidiera que las protestas impidan la libre circulación de los ciudadanos; pese a ser una autodenominada “abogada exitosa”, no recordó que en el Código Penal ya está tipificado ese delito y que, por lo demás, tanto don Néstor (q.e.p.d.) cuanto usted misma no sólo las toleraron durante los últimos once años sino que las incentivaron y financiaron, cuando estaban dirigidas a opositores o presuntos agiotistas. El pobre Julián Santo Domínguez, actual Presidente de la Cámara de Diputados, al salir del acto se enredó ante las preguntas de los movileros, y trató de explicar que esa represión se daría sólo ¡cuándo quienes cortaran las calles fueran pocos!; realmente original. Le cuento, señora, que si pretende utilizar al Ejército del Espión Milani para contener la inquietud social y conservar, de algún modo, el control de la calle, no podrá hacerlo, al menos mientras permanezcan en la cárcel mil seiscientos presos políticos, muchos de ellos sin condena y, en la gran mayoría con edades superiores a los setenta años y con graves enfermedades.

Eso nos lleva a su anuncio de lo que será el tema más trascendente de este año legislativo: la reforma de los códigos Civil, Comercial, Penal y Procesal Penal. En todos los casos, los proyectos que ya ha enviado el Ejecutivo o lo hará próximamente contienen modificaciones sustanciales al modo de vida de los argentinos, que debieran ser motivo de un profundo debate, y traerá impunidad a los corruptos, la reducción de penas para los delincuentes y la desaparición de la reincidencia como agravante. Este momento en que la ciudadanía no para de llorar a los muertos y heridos por la corrupción, la inseguridad y el narcotráfico, debiera obligar a los legisladores a reflexionar acerca de su vocación, señora Presidente, de pasar a la historia como reformadora, y cuánto le costará al país si, también en estos graves temas, siguen usando el habitual “sí, Cristina” que han practicado todos estos años.

Es cierto que no pudo más que aplaudir la gestión del “Chiquito pero rendidor” Kiciloff quien, a contramano de cuanto ha pregonado tantas veces, está tratando de reconstruir los puentes dinamitados con los mercados de capitales que usted tanto necesita, pero me parecieron un poquito exageradas las ponderaciones al ex Twitterman por su labor al frente la Cancillería. El mundo mira países y no gobiernos, y la reparación del daño que estas curiosas y contradictorias ¿políticas? exteriores le han producido a la Argentina costará mucho y demorará años. Don Néstor (q.e.p.d.) creyó que insultaba a George W. Bush cuando organizó la “contracumbre” de Mar del Plata con Chávez, Evo Morales, Maradona y D’Elía, pero ofendió a la institución presidencial norteamericana; usted, señora, hubiera debido aprender aquella lección y, sin embargo, envió al “hijo de Jacobo” a cortar precintos en un avión militar de los Estados Unidos. Debo, en cambio, felicitarla por la forma en que pasó la pelota del fiasco del memorándum firmado con Irán, que usted impuso con fórceps en su momento; su fracaso torna aún más inexplicable tanta insistencia.

Diciendo que no apoyaba a Maduro ni a su gobierno, pidió respetar la democracia en toda América, “región de paz”. Nuevamente olvidó usted, tal vez porque está poniendo las barbas en remojo, que una cosa es la democracia delegativa, en la que quien gana se lleva todo, y la representativa, en la cual la legitimidad no pasa sólo por el origen (el voto) sino que exige que el poder sea ejercido con respeto a las instituciones y a las minorías.

Para terminar, una sola pregunta más. Señora, ¿recuerda aquel foro empresario en que su fallecido marido recomendó a los extranjeros “miren lo que hago, no lo que digo”?; pues bien, le cuento que su propuesta ya debería ser la inversa, pues del proyecto –si es que existió- de Kirchner nada ha dejado usted en pie, salvo la vocación irrefrenable y compartida por apropiarse de fondos y bienes públicos.

Bs.As., 3 Mar 14
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Aprovechar el "mientras tanto" - Por Alberto Medina Méndez




El debate político que plantean los regímenes populistas, empujan hacia una discusión en la que todo pasa por la coyuntura y así la disputa solo tiene que ver con la dinámica de la política partidaria, las ambiciones personales para obtener cargos y la distribución de los espacios de poder.

A esta altura de los acontecimientos ya quedaron al desnudo las inconsistencias de ese modelo que pretende sostenerse en el tiempo, pero que pese a las inmensas condiciones favorables que le propone el contexto, derrapa dilapidando oportunidades inmejorables y destruyendo todo a su paso.

Son tiempos de bonanza económica para la región, épocas más que favorables para crecer sin limitaciones y lograr el ansiado desarrollo, para sacar de la pobreza a cientos de miles de ciudadanos, sin embargo la demagogia local se ha ocupado en forma permanente solo de enriquecerse ilícitamente, burlarse de la sociedad mientras construía un sistema indigno que solo avergüenza.

El corto plazo por ahora solo entretiene y hace que el tiempo invertido y las escasas energías se orienten hacia estériles esfuerzos. De ese modo, la sociedad toda discute en esa dirección y con ese ritmo la infame agenda que impone el gobierno. El final de esta etapa histórica es absolutamente predecible. Solo se espera conocer el instante exacto del desenlace y las características especiales del momento en el que la realidad se haga evidente y termine definitivamente con esta farsa.

El oficialismo hoy hace de las suyas y recorre el sendero de su plan tal cual fue perpetrado. De tanto en tanto modifica unos centímetros el trayecto, pero continúa invariablemente en la misma dirección. Atiende exclusivamente lo que aparece en la superficie para luego proseguir con el siguiente escalón hacia el nuevo objetivo que se ha trazado.

Lo inaceptable es que la sociedad juegue ese juego con tanta candidez y con la misma ingenuidad de siempre. Lo inteligente y hasta lo necesario es empezar a discutir las ideas y construir los instrumentos que serán un requisito para salir lo más rápidamente posible de este dislate.

Los ciudadanos creen saber lo que pretenden como resultado final. Lo sabe la gente y también los dirigentes políticos opositores, pero es justo decir que nadie ha empezado a discutir adecuadamente el como, el modo, los pasos uno por uno. Es necesario recuperar las instituciones de la república, desarmar el aparato clientelar que se ha ido edificando durante décadas, resulta imprescindible reconstruir la cultura del trabajo pero también es vital destruir la corrupción estructural y encarcelar a los funcionarios que se han abusado de la confianza del electorado. Son infinitas las asignaturas pendientes. Pero cabe reconocer que la discusión acerca de cómo recorrer el anhelado camino virtuoso está aún en pañales.

No alcanza con tener un norte más o menos establecido, de hecho en la inmensa mayoría de los asuntos solo se dispone de borrosas definiciones, difusos propósitos y hasta ambiguas probables soluciones. El día que concluya esta pesadilla política, nada se resolverá solo porque los perversos demagogos de siempre se retiren del escenario político. Para que el itinerario se modifique, es necesario que una generación de políticos serios, comprometidos y capaces hagan los deberes. Y la verdad es que por ahora no se están haciendo.

Hacerle frente a la demagogia, resistirse heroicamente es necesario pero no suficiente. Ya no vale la pena seguir insistiendo en algo que inexorablemente ocurrirá más tarde o más temprano. Esta desgastada forma de hacer las cosas tiene fecha segura de expiración.

Ahora es el tiempo de que un sector de la sociedad pero también de la política se ocupen de diseñar la hoja de ruta que explique minuciosamente el como salir de este engendro que ha fabricado irresponsablemente una dirigencia sin escrúpulos. Parece fácil pero no lo es. Cuando el régimen sea historia no solo dejará malos recuerdos y múltiples enseñanzas acerca de cómo no se deben hacer las cosas, sino también un abultado legado de instituciones, normas, regulaciones y personajes ocultos que durante algún tiempo más seguirán melancólicamente haciendo daño para impedir y dilatar los tiempos del cambio profundo.

Se debe hacer un esfuerzo importante en diseñar "los cómos". Los intelectuales, los pensadores, los técnicos, los que saben de cada tema, tienen una responsabilidad enorme de dar el debate faltante, de brindarle contenido a la política para poder delinear pormenorizadamente los pasos para salir de este laberinto tramposo.

El desafío es gigantesco. Lo es para la política que lamentablemente no está haciendo su trabajo, pero también para la sociedad que tiene que involucrarse para exigir con firmeza a quienes pretendan ser la alternativa al presente, que no sean solo un matiz, una variante a más de lo mismo y ofrezcan verdaderas soluciones a los profundos problemas que se heredarán de esta indigna parte de la historia.

El próximo turno electoral está a la vuelta de la esquina, demasiado cerca. Pero la política no se debe agotar en la disputa por el poder y el intento por acceder a él. Al menos no toda la estrategia puede pasar por ganar una elección. El que triunfe y consiga destronar a los poderosos de hoy, tendrá la colosal tarea de cambiar el rumbo, pero no lo logrará solo con voluntad y un discurso amigable, sino con un proyecto serio, consistente y con ideas claras. En esta transición el reto es no dejar pasar el tiempo en vano, sin más. Se trata entonces de aprovechar el "mientras tanto".

FUENTE: INFOBAE
http://opinion.infobae.com/alberto-medina-mendez/2014/03/02/aprovechar-el-mientras-tanto/

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com

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